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Mientras escribo esto, la placidez del sábado se hace trizas con el sonido de un tractor que, inmisericorde e irracionalmente, abre un camino a ninguna parte en lo alto de la abrupta pendiente, en la ladera sur del Valle Ticomo.

Hasta hace poco, Ticomo Sur era un viejo cráter cuya abundante vegetación lo asemejaba a una copita de verdor alzada hacia el cielo. Desde mi casa, situada en la cima de un farallón sobre el valle, yo pensaba que algún día ese lugar tendría que ser un hermoso parque para los niños de Managua. En los años ochenta, la cooperativa Francisco Jarquín era dueña de esas tierras y cultivaba pequeñas parcelas de maíz y plátanos en el fondo del valle. En los noventa, sin embargo, sucedió lo que en tantos sitios: alguien compró el terreno de la cooperativa, seguramente a precio de guate mojado. Un día de tantos, el señor Pedro Joaquín Robleto, hasta entonces dueño de una empresa de extinguidores de incendio, se presentó a mi casa para informarme que iba a urbanizar las tierras y me ofrecía en venta la ladera. El precio era exorbitante y no disponía de esa cantidad.

Según las leyes municipales de Managua, las laderas de más de 60 grados de inclinación no deben ser despaladas, pero el año pasado, el despale comenzó.

De poco sirvió recurrir a Marena, a la Procuraduría del Medioambiente, a la Alcaldía de Managua. El Sr. Robleto tendrá amigos en lugares claves, porque ahora, quién sabe con permiso de quien el tractor está cortando la ladera y abriendo una trocha sin sentido a todo el derredor del valle. Según Don Pedro Joaquín, él está “embelleciendo” el lugar, pero lo cierto es que esta trocha, en un terreno arenoso, de origen volcánico, está debilitando el terreno y creando las condiciones para que, en el futuro, se produzca un deslave que afecte no sólo a los que vivimos en la cima del farallón, sino a sus clientes de los terrenos en el sector plano del valle.

Según el urbanizador, su propiedad cubre cuarenta manzanas del Valle. ¿Por qué entonces destruir las laderas? ¿Por qué atentar tan brutalmente contra el equilibrio ecológico de esta zona, teniendo amplio espacio plano donde construir? ¿Será porque la falla de Ticomo cruza su reparto de un lado al otro?
El urbanizador dice que la falla pasa a 9 kilómetros. En términos geológicos, una mínima distancia. Nadie que se instale en esas pendientes tan abruptas estará seguro. El día que se produzca un movimiento telúrico intenso se producirá un deslave que no sólo arrasará las casas que, contra todo sentido común, él insiste se pueden construir sobre los arenosos cortes de los farallones, sino que el vecindario construido sobre el antiguo cráter, podría desaparecer, ya sea por el aluvión o por el hecho de que la aceleración de la gravedad sobre las fallas suele ser extremadamente violenta.

Como ciudadana, insto a la Alcaldía de Managua, a Marena y a Ineter a que se percaten de esta situación y con responsabilidad evalúen el impacto ambiental y de seguridad de esta arbitraria manera de intentar urbanizar farallones y pendientes.

Al Movimiento Ambientalista, a Don Jaime Incer Barquero, los invito a que visiten la urbanización, entrando por el Km. 12 de la Carretera Sur, junto a la finca Guadalupana y comprueben con sus propios ojos lo que aquí explico.

Espero que alguien tenga el buen juicio de tomar cartas en este asunto, puesto que mi apelación ciudadana se ha topado con la absoluta indiferencia de las autoridades competentes.

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