Marcos Antonio Casanova
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El 28 de marzo, Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2 (gas de efecto invernadero GEI), la ONU lo dedica para tomar decisiones y crear conciencia sobre el calentamiento global, una realidad que enfrenta todo el planeta, pero que no todos los Estados provocan.

En el 2014 el Panel Intergubernamental de Naciones Unidas para el Cambio Climático (IPCC) aseveró que ya no cabe duda que la especie humana es responsable de las alteraciones en la temperatura al ser las emisiones la causa principal.
150 años de industria y despale inmisericorde ha producido una liberación de millones de toneladas de carbono a la atmósfera con apocalípticas e impredecibles consecuencias en el clima y la biodiversidad, que puede ocasionar, en un futuro próximo, impactos graves, generalizados e irreversibles, que nos obligarán a adaptarnos a un nuevo escenario que nos demanda a centrarnos en soluciones, cuya búsqueda hace que las agendas de las  diplomacias unilaterales, bilaterales, multilaterales y globales se ocupen más del tema.

Las evidencias de la veracidad de los científicos las percibimos todos. El año pasado la sequía en gran parte de territorio de Nicaragua se extendió hasta el mes de agosto. Esto no fue casual, ya que el 2014 fue el año más caluroso de toda la historia planetaria, una tendencia a veces imperceptible que viene siendo marcada desde hace décadas, cuando según  estudios, cada año que pasa es más caluroso que el anterior.

Las soluciones apuntan: a la eficiencia energética y el uso de fuentes renovables, a transportarnos de forma sostenible, pues el transporte y su consumo de energía es otro de los grandes emisores de CO2; aplicar las tres erres del ecologismo: reducir el consumo, reutilizar y reciclar; se demanda también conservar y mejorar los sumideros de carbono. Bosques y océanos los que retienen el CO2, de manera que su cuidado ayuda a que parte de dicho GEI emitido no llegue a la atmósfera.

Esto último demanda cambios en el uso del suelo, reconversión productiva y el uso de nuevas tecnologías.

Nicaragua no es gran emisora de CO2 a la atmósfera; sin embargo, como parte del ecosistema global sufre las consecuencias del cambio del clima. La Política responsable del actual gobierno nicaragüense en medio de los perjuicios y beneficios ocasionados por las oscilaciones del precio impuestos por las naciones poderosas de los combustibles fósiles, tiene la meta de alcanzar el cambio de la matriz energética a un 90% a fuentes renovables en el año 2020 y así evitar emisiones y lograr con la conservación de masa forestal el aumento de secuestro carbono.

Con el buen ejemplo de Nicaragua, es cuando observamos que si bien es cierto que el cambio climático afecta a todo el Planeta, no todas las naciones están implicadas en el daño planetario y en las soluciones propuestas. Por lo menos el reconocimiento de la culpa diferenciada sería un pequeño gesto de las potencias industrializadas que han provocado y siguen provocando las emisiones.