Jorge Eduardo Arellano
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La decimoséptima letra del alfabeto español representa el fonema “ñ”. Para pronunciarlo, la lengua se eleva hasta ponerse en contacto con el paladar, quedando el ápice detrás de los incisivos superiores. El aire escapa de la cavidad bucal, gracias al descanso del velo del paladar. Hay vibración en las cuerdas vocales. Por tanto, se le clasifica como una consonante palatal sonora. Su género es femenino: la eñe (plural: eñes). Existente en latín, nació de la necesidad de representar un nuevo sonido de las lenguas romances ––derivadas del mismo latín–– durante la Edad Media. El italiano y el francés optaron por la grafía “gn”, el catalán prefirió “ny” y el portugués eligió la “nh”.

El castellano se decidió pronto por la grafía “nn”, que se abrevia por la “n” con una rayita encima, llamada tilde, como la del acento ortográfico. Así, nuestra lengua romance dejó atrás a las otras, al representar con una sola letra un sonido al que las demás requieren dos. La “ñ”, pues, es una aportación española del alfabeto latino y la simple duda de su carácter independiente constituye una ofensa a nuestra cultura. Y no solo a su raíz ibérica (“España se escribe con eñe”), sino al sustrato aborigen.

Porque el castellano otorgó alfabeto a las lenguas precolombinas que poseían una consonante palatal sonora en su sistema fonológico: araucano, aymará, quechua, maribio, zapoteco, etc. Por eso en la Meseta de los Pueblos existen apellidos de origen mangue como Ñamendi, Ñoriongue y Ñurinda. Según Carl Berendt en 1874, ñapa se le llamaba al ipegüe y ñundo a una especie de sardina de la laguna de Masaya. Esta voz procedía también del mangue o chorotega, al igual que ñoca (tortuga de mar) y ñeco (tamal hecho de maíz, frijol y sal).

Otros vocablos, tal vez obsolescentes, que se dan o se daban en el ámbito rural, eran ña y ñor: apócopes de doña y señor, respectivamente. Ejemplos: Ña Rosa y Ñor José. Asimismo, obsolescente debe ser ñique: golpe que se aplica o aplicaba en el juego de trompos con el puyón ganador al trompo perdedor; de allí se derivaba ñiquejarse: darse de golpes (los adolescentes sobre todo), pelear. Pero ñique tiene otra acepción: pequeño golpe dado sobre los nudillos de la mano.

Más populares son los vocablos ñajo, sustantivo con que se designa al de labio leporino o que habla con la nariz (Clodomiro Ñajo), ñámbar (Amyris balsamífera Linn), árbol y madera muy sólida y de corazón negro, con la que se elaboran marimbas y violines; ñaña: excremento humano y de algunos animales; y ñato: el que tiene la nariz pequeña y  aplastada. Ñato es, metafóricamente, el órgano genital femenino. En consecuencia, la realización del coito corresponde al pleito del ñato con la narizona. Ñata también es la nariz, otro sustantivo del cual se ha formado el verbo ñatear: inhalar cocaína.

Por otro lado, muy conocido en la Costa Caribe es el vocablo ñame (Dioscore alata Linn): fécula alimenticia y, a nivel nacional, ñomblón, a: personas sumamente gordas y nalgonas. Ñeto y ñeta son variantes fonéticas de nieto y nieta; ñoñería implica una actitud o cosa sin importancia: ñonquearse es ladearse, contonearse; ñoñeco, a: se afirma respectivamente de algún tonto o tonta; ñuzco es el diablo y ñau ñau una voz onomatopéyica que, mediante un gesto de la mano, expresa el robo.

No resulta abundante la presencia de vocablos con ñ inicial en Nicaragua, pero tampoco despreciable. Lo cierto es que nos sentimos orgullosos de esta letra española. Además, no corremos el peligro de escribir en una tarjeta de navidad este deseo a una amiga o amigo (en caso de usar una computadora limitada al idioma inglés o al alemán): Feliz ano nuevo.

Nota: quien desee indagar más sobre el tema, podría consultar el ensayo de Eduardo-Zepeda Henríquez (Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, núm. 89, octubre-diciembre, 1995, pp. 159-163), brillante reacción filológica que consideró un solemne disparate la sugerencia o iniciativa tomada en Europa de extirpar la eñe como letra del alfabeto español.