Rafael Lucio Gil Ph. D.
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En el primer artículo del tema aludíamos, en general, a factores complejos que influyen en esta problemática. En el segundo abordamos factores internos al subsistema de la educación básica y media. Este escrito se refiere  a un solo factor englobador: la cultura hegemónica existente que irradia a todos los actores involucrados.

La cultura hegemónica existente se construye en la historia del conocimiento matemático, sumado al producto de la interacción sociocultural, produciendo representaciones mentales y sociales en los actores sobre las matemáticas. Se trata de un factor de naturaleza simbólica, implícito, y del que no se habla, dando por entendido que se trata de la cultura naturalizada, la que ha permeado a todas las instancias y los actores.

Esta perspectiva simbólica, desde una filosofía tradicional positivista de la matemática, ha permeado la cultura dominante, percibiendo el conocimiento matemático como autosuficiente, superior a cualquier otro conocimiento, poderoso, construido por grandes sabios matemáticos, siempre verdadero, sin contextura científica social, estático, elaborado por científicos míticos, de naturaleza terminal, y privativo de mentes privilegiadas.

Por el contrario, desde la nueva filosofía de la ciencia del giro cognitivo, con su clara influencia en la didáctica moderna de las matemáticas, se interpreta este conocimiento desde una perspectiva de construcción social compartida, sujeto a errores y, por tanto, en evolución constante, elaborado por científicos matemáticos sujetos a errores pero con capacidad crítica para superarlos, etc.

Desde esta variedad de perspectivas más o menos cercanas a los dos extremos descritos, se ubican, de forma inconsciente, posicionamientos personales, institucionales y sociales frente a las matemáticas. Fluyen en ellas actitudes de autosuficiencia y superioridad, insertadas con fuerza en instituciones educativas, posesionándose de ellas muy fielmente la mayoría de docentes que la imparten en escuelas y universidades. Su instalación como cultura matemática hegemónica se traduce, también, en los hábitos de técnicos y funcionarios que diseñan y controlan el currículum.

La investigación en didáctica moderna de las matemáticas alude a estos posicionamientos inconscientes, plenos de mitos, creencias y representaciones sociales y mentales profundamente arraigadas, que acaban alejando a los estudiantes de la matemática. Estas son sumamente difíciles de cambiar, amenazan constantemente cualquier interés de cambio y ayuda del docente hacia sus estudiantes para que superen los obstáculos epistemológicos en su aprendizaje, mismos que en la historia también sufrieron los grandes matemáticos.

Los docentes se aferran a una perspectiva de enseñanza orientada a los más inteligentes, negándose a comprender las dificultades de la mayoría. Así generan el síndrome de "la incapacidad aprendida", cuando los estudiantes, principalmente mujeres, acaban asumiendo que son incapaces de aprender matemática, tras la insistencia docente en su incapacidad.

Fluyen, así, en el clima cultural, social y escolar, visiones de las matemáticas nada sanas: la matemática como simple caja de herramientas para otras ciencias, matemáticas como cuerpo estático y unificado de conocimientos que basta con imponerlo y no concertarlo; una visión instrumentalista que solo se enseña mediante reglas y algoritmos; una actitud elitista centrada solo en los más inteligentes, etc.

Tales visiones sirven de antídoto al aprendizaje significativo de las matemáticas, siendo divulgadas eficazmente por quienes la enseñan. Tal currículum oculto transmitido por el modelaje de actitudes negativas de sus docentes, es el mejor detonante del desaliento, desmotivación, mecanización e impotencia del alumnado.

Esto se irradia a los padres de familia, quienes de antemano alimentan más prejuicios aportando nuevas tensiones al aprendizaje de sus hijos, a la vez que muchos de ellos son presas de la “incapacidad aprendida” en su educación.

Por su lado, los profesores que preparan y aplican estas pruebas en las universidades, acuerpan también esta cultura hegemónica perniciosa, preparando las pruebas, ya no desde la técnica didáctica pertinente (tabla de especificaciones de evaluación) seleccionando ítems relativos a los objetivos generales a evaluar, sino escogiendo un conjunto de ejercicios y problemas no representativos de tales objetivos, guiados más por una perspectiva inequitativa, selectivista y elitista, predeterminada más por la cantidad de cupos disponibles que por los estándares de los rendimientos propiamente dichos.