Augusto Zamora R.*
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La última gira del ministro de Exteriores de Rusia por Latinoamérica ha dado lugar a variadas reacciones. Las más sorprendentes son las que expresan asombro por la gira.

Reflejos condicionados de un siglo de dominación yanqui hace que, en ciertos sectores, sorprenda y alarme que países como Rusia se interesen por nuestra región. Como si siguiéramos siendo área vetada al mundo, por ser siervos de Yanquilandia.

No extraña que estos sectores colonizados se muestren alarmados y asustados. Debe reconocerse que cumplen cabalmente su papel. Es decir, ser la voz canina de su amo.

El mundo ha cambiado drásticamente, pero esos sectores se dan por no informados. El epicentro de la economía mundial se trasladó, hace ya casi dos décadas, a Asia. No hay país que posea mayores reservas monetarias que China, que es, además, el mayor acreedor de EE.UU., el país más endeudado del planeta.

Rusia se ha recobrado del colapso de la Unión Soviética y es la mayor potencia militar del mundo, tras EE.UU. Sin prisas y sin pausas, recobra su papel de gran potencia, como demostró la crisis en Ucrania, donde, al final, Rusia terminó marcando las pautas.

Debemos festejar la democratización de la política mundial. Ya no somos vasallos de nadie. Podemos aspirar a mantener relaciones provechosas con todos los países del mundo, sin necesidad de un permiso de EE.UU.

Son tiempos de sumas, no de restas. Que Rusia se interese por Latinoamérica es bueno, magnífica noticia…

az.sinveniracuento@gmail.com