Jorge Eduardo Arellano
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GINEBRA
¿Es acaso China una isla de estabilidad en medio de la creciente tormenta financiera global, o también será azotada por ella pronto?
Los funcionarios chinos han declarado que la crisis que empezó en los Estados Unidos no desacelerará las reformas que China ha planeado desde hace tiempo en sus mercados financieros. Insisten en que su país seguirá adelante con los planes para introducir la compra y la venta al descubierto y los contratos de futuros de los precios de las acciones. Pero China desaceleró la liberalización de la cuenta de capital tras la crisis financiera de Asia hace diez años, por lo que es posible que los problemas de Estados Unidos hagan que China sea más cautelosa.

China ha desempeñado un papel importante en el financiamiento del déficit presupuestal estadounidense en años recientes, gracias a sus esfuerzos para manejar el tipo de cambio del renminbi frente al dólar. China no desea que su gran superávit en cuenta corriente provoque que la moneda se dispare, y tal vez no quiera que disminuya el ritmo de la apreciación del renminbi debido a las preocupaciones por la desaceleración económica global.

De ser ese el caso, China tendría que ampliar sus reservas en moneda extranjera en otros 300-400 mil millones de dólares, lo que le permitiría financiar la gran expansión del déficit fiscal estadounidense. Las recientes disminuciones ligeras del valor del renminbi indican que la política de tipo de cambio de China podría estar evolucionando, después de la apreciación del 20% de la moneda desde julio de 2005.

El ministro de finanzas de Alemania, Peer Steinbrück, ha dicho que la crisis reducirá la hegemonía financiera de los Estados Unidos y creará un mundo más multipolar. En la edición del 26 de septiembre del periódico The China Daily apareció un artículo que preguntaba “¿Se está poniendo el sol en la supremacía económica estadounidense?” El artículo examinaba ejemplos de la forma en que los inversionistas extranjeros han perdido dinero en el mercado de los Estados Unidos y llegaba a la conclusión de que “el surgimiento de la crisis más reciente muestra que la revolución neoconservadora que se puso en marcha en los años ochenta ya llegó a su fin”. El artículo atribuía la crisis a políticas que “daban el predominio a las fuerzas del mercado y eliminaban los controles del gobierno, sobre todo en el mercado financiero”.

Los funcionarios chinos aún no han repetido los comentarios de Steinbrück, pero la experiencia de los Estados Unidos naturalmente hará que se muestren más recelosos de los bancos de inversión occidentales y la reglamentación de tipo estadounidense. Hasta ahora, China ha perdido dinero en dos de sus mayores inversiones en firmas financieras occidentales (Morgan Stanley y Blackstone). Podría haber ayudado a contener la crisis actual si hubiera aceptado las invitaciones para invertir en Lehman Brothers, pero dadas sus pérdidas anteriores en Wall Street, no lo hizo.

Como resultado de las preocupaciones por la economía global, el Banco Popular redujo las tasas de interés hace dos semanas y se unió al recorte global coordinado del 8 de octubre –la primera vez que China participa en una medida de política monetaria global. El gobierno también anunció a principios de mes planes para aumentar el gasto en infraestructura en 586 mil millones de dólares durante 2009 y 2010.

Los aumentos previstos en el gasto equivalen al 15% del PIB y son los más grandes que cualquier país haya emprendido hasta ahora como respuesta a la crisis financiera. Muestran claramente que China está dispuesta a compensar la debilidad de las exportaciones estimulando la demanda interna. Ahora, China debe tomar medidas adicionales para reforzar el gasto de consumo, que cayó a sólo el 36% del PIB en 2007, después de haber sido del 50% en los años ochenta, debido a la fuerte dependencia de la economía en las exportaciones y el gasto de capital desde finales de los noventa.

La meta del gobierno chino será mantener el crecimiento anual por encima del 8% a fin de generar empleos suficientes para conservar la estabilidad social. Actualmente también es más sensible que de costumbre a los riesgos del empleo, porque varios miles de pequeñas fábricas en los sectores de los textiles y los juguetes han cerrado este año debido al impacto sobre los márgenes de ganancia que han tenido los costos crecientes de la mano de obra y la apreciación del renminbi. China quiere cambiar de las industrias de bajo valor agregado intensivas en mano de obra como los textiles a sectores de valor agregado más elevado como los productos electrónicos y los bienes de capital, pero no quiere generar niveles altos de desempleo mientras se da esa transición.

China tiene los recursos necesarios para hacer frente a la actual crisis financiera. Las reservas en moneda extranjera son inmensas, de 1.9 billones de dólares. La floreciente recaudación fiscal ha dado al gobierno un superávit fiscal. La cuestión crítica ha sido la disposición de los encargados del diseño de políticas a actuar con rapidez, antes de que haya evidencias claras de deterioro económico. El paquete de estímulos del gobierno demuestra que está conciente de los riesgos que existen en la economía global y está preparado para actuar con decisión.

La crisis actual significa un paso importante en la evolución de China para convertirse en una gran potencia económica. China ha estado aplicando una política de keynesianismo extremo en un momento en que Europa y los Estados Unidos también están llevando a cabo intervenciones masivas en sus sistemas financieros para impedir que la crisis actual conduzca a un colapso financiero mundial.

Por lo tanto, hay una convergencia creciente entre la política económica china y la del G-7, que surge de la necesidad de compensar las enormes fallas de la reglamentación financiera y la política monetaria de los Estados Unidos. Este país ha estado presionando a China desde hace tiempo para que lleve a cabo cambios de política económica orientados a estimular la demanda interna y abrir mercados. La ironía es que, para compensar una crisis que las propias políticas de los Estados Unidos han creado en los mercados financieros globales, los estadounidenses están obteniendo lo que han intentado que China les conceda desde hace tanto tiempo.

David Hale es Presidente de David Hale Global Economics y durante mucho tiempo ha sido analista del proceso de reforma económica de China.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

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