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Cuando se habla de reducir las muertes por accidentes de tránsito o por ahogamiento en la temporada de verano, se insiste en las campañas de sensibilización o concienciación como la tarea principal, como si este fuera un asunto solo emotivo y moral, de ponerse la mano en la conciencia para evitar pecar o situarse en el lugar del otro para reflexionar antes de cometer un acto indebido.

Está bien, eso ayuda. Hacer que los ciudadanos tomen conciencia de lo indebido y de lo correcto es un punto de partida para mejorar, pero el comportamiento individual solo cambiará de manera firme y generará nuevos hábitos si es el resultado de un proceso educativo.

Por ejemplo, una persona que ve la imagen trágica de un accidente y su saldo mortal, se conmoverá y reflexionará en el momento sobre la importancia de evitar conducir a alta velocidad o de conducir en estado de ebriedad. ¿Actuará semanas después en consecuencia con esa reflexión emotiva?

Creemos que es la educación, convincente y sistemática, la que transforma el comportamiento de las personas en sentido positivo, en todas sus relaciones sociales, privadas y públicas. La educación, mas allá de los toques de emoción, dirige, encamina y desarrolla las facultades intelectuales, afianzando conocimientos y principios en el ciudadano. A eso se debe la diferencia de si una persona se pone el cinturón de seguridad del automóvil por temor a que un policía la multe o por estar convencida de que ese artefacto le salvará la vida en cualquier momento.

Toda campaña es bienvenida, pero la educación vial debe ser una materia amplia y permanente en todo el sistema educativo nicaragüense. De hecho, los resultados de las labores de prevención y control de la Policía Nacional y otras instituciones, públicas y privadas, han  dejado resultados buenos al reducir los índices de accidentes y muertes en períodos de mayor riesgo, como la Semana Santa, según las estadísticas oficiales que muestran 28 fallecidos en 2010 y 20 en 2014, solo en esos 7 días.

Sin embargo, falta más educación en este campo, y el cambio se notará más cuando los conductores acaten las normas de tránsito por una actitud de responsabilidad, urbanismo o cortesía, antes que por miedo a que aparezca un policía y los multe. Esta semana es propicia para demostrar cuán educados somos, en las carreteras y en las playas.