Miguel De Castilla Urbina
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En el contexto de la lucha política en Nicaragua, la matrícula escolar junto a los resultados de los procesos de evaluación educativa, son periódicamente convertidos en temas de atención mediática, al postular negativamente que el no logro de las metas en estos campos, son producto de la ineficiencia gubernamental respecto a los mismos.

La conversión de esos tópicos en temas  políticos, probablemente se debe al énfasis que durante los períodos de matrícula, tanto para la Educación General Básica y Media como para todas las actividades de formación y capacitación en la Educación Técnica, el Gobierno de la República como un todo, y no solo el Ministerio de Educación e Inatec, a la par de las organizaciones políticas y sociales vinculadas al sandinismo, convocan e invitan a toda la población, en especial a padres y madres de familia, a matricular a sus hijos e hijas en los centros educativos del país.  Igual experiencia se vive en comarcas y alejadas montañas durante los procesos de convocatorias para inscribirse y asistir a las unidades y puestos de alfabetización en todo el país. Para uno y otro proceso se establecen metas, hojas  de ruta y estrategias. Es la suma de una voluntad política que apuesta a la educación como requisito fundamental para salir del túnel del hambre, el analfabetismo, la falta de techo seguro y la desnutrición infantil.
No obstante una cosa es la voluntad gubernamental, expresada de múltiples maneras en iniciativas, proyectos, alianzas, políticas, estrategias y programas, y otra cosa es la profundidad de la fosa de la pobreza,  pacientemente construida a través de la historia nacional, no solamente observable y mensurable en sus múltiples manifestaciones objetivas que a diario aparecen en las estadísticas sociales, sino que también en sus manifestaciones subjetivas, terreno en el cual la pobreza  funciona como una cultura, que  en círculos a diario aprende de sí misma, para reproducirse en la mente y las acciones de la población empobrecida, y que construyendo mil excusas y justificaciones, se transforma en obstáculo para demandar o exigir educación o acceder a las ofertas educativas.

No se confía en las voces que promueven la educación, ni se percibe a la educación como una necesidad para las personas, las familias y la sociedad.  La escuela se califica como una pérdida de tiempo y la pobreza se concibe como un castigo o un designio divino y del destino. Es la pobreza aprendida como una sistema de valores y saberes, que se aprenden desde la cuna en los primeros días y mediante múltiples procesos de socialización, va transformándose, poco a poco, en una manera de ser y una filosofía de vida hasta llegar a la edad adulta y conformar grupos familiares estables, y que cuando se interroga a sus miembros, acerca del porqué no envían a sus hijos e hijas a la escuela, responden que sus padres no necesitaron ir a la escuela para mantenerlos a ellos y a ellas y ser los hombres y las mujeres que son en la actualidad.

A este hecho de carácter cultural producto del proceso de reproducción social del capitalismo en el subdesarrollo, se suman otros hechos de carácter objetivo como lo es la dispersión de la población rural en el territorio nacional en especial en los departamentos y municipios más alejados, y la pobreza en barrios y comarcas que obligan a las familias empobrecidas a enviar a sus hijos a plazas, semáforos y plantaciones en lugar de ir a la escuela,  es la misma pobreza que, desde otra dirección, impide contar con una economía de mayores tamaños y calidad y al Gobierno de la República ofrecer los recursos financieros que necesita la educación para elevar la formación, capacitación y el sueldo de los  maestros;  ampliar los sistemas de becas entre la población empobrecida; perfeccionar permanentemente los currículos y los libros de texto; ampliar las plantas físicas de los centros de estudio y entregar a cada estudiante su computadora y accesorios tecnológicos.

Todo lo anterior dice y quiere decir, que junto a interrogar a la institucionalidad escolar y/o gubernamental sobre el cumplimiento de metas de matrícula como las que proponen los objetivos No. 2 de los ODM y de la EPT, de igual manera y con igual énfasis, en países empobrecidos como Nicaragua, hay que buscar esa información  en el entorno económico y social de los mismos. ¿Qué porcentaje de niños y niñas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Perú, Paraguay o Bolivia no lograrán alcanzar las Metas mundiales de matrícula universal en la Educación Básica en este año 2015, cuya causa fundamental no está en el interior del conjunto de factores que construyen la escolaridad, (currículo, maestros, edificios escolares, computadoras), ni siquiera en las políticas educativas propiamente dichas, sino en las mismas estructuras y procesos económicos y sociales del capitalismo a través de la historia de estos países?