Orlando López-Selva
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Decía el historiador Herbet J. Mueller que “el conflicto y el cambio son la esencia del drama”.

Y todo indica que la lucha de los guerrilleros hutíes (chiitas) en Yemen, apoyados por Irán, y la contraofensiva de Arabia Saudí para restablecer en el poder al presidente yemenita Abdrabbuh Mansor Hadi, tornaron el drama del Medio Oriente en una crisis que se avizora espeluznante.

Yemen es el país más pobre del Medio Oriente. Pero ahí la mayoría sunní ha estado imponiéndose a la minoría chiita.

Egipto ha acogido al Presidente yemenita depuesto que también lucha contra su antecesor Ali Abdullah Saleh que apoya a los hutíes.

Como consecuencia, una coalición militar liderada por los saudís, e integrada por Egipto, los Emiratos Árabes, Marruecos, Paquistán, Sudán y Jordania, ha llevado todo a convertirse en un conflicto regional.

Árabes de dos continentes luchan entre sí. ¿Cómo sabremos hasta dónde llegará todo?

Este problema que ha incendiado a la península arábiga tiende a extenderse. Puede propagar más la guerra en esa zona ardiente del Asia, que también colinda con el ya encendido Nordeste africano.

Además, en Yemen convergen el Mar Rojo y el golfo de Adén, donde circula gran cantidad de petróleo. Y por este factor habrá inculpaciones a Washington.

Y aunque haya una variedad de elementos que propiciaron esta nueva tragedia, en el fondo es una lucha no-frontal entre las potencias de la zona: Irán y Arabia Saudí.

Esto me trae a colación aquella frase de Juan-Jacobo Rousseau:   “los problemas de la humanidad comenzaron el día que alguien dijo: esto es mío”.

Ahora agrego que, al haberse apropiado cada quien de un dios, su credo y sus poderes punitivos, los problemas de la humanidad se agravaron cuando alguien dijo: mi dios es el único y debe prevalecer sobre los demás.

Cada día que pasa vemos un marcado avance de ISIS y sus aliados en Siria, Iraq, Nigeria, Libia; las guerras desgastantes en Afganistán, Crimea; y los conflictos no-menores en Paquistán e Israel, tienen a la región al borde de un cataclismo mayor.

De todo este drama, solo la ONU y otras organizaciones humanitarias abogan por los derechos de los refugiados, los heridos, los ancianos, los desplazados y los más desprotegidos.

A los actores políticos solo les importa poder, victorias, vanidad y ganancias propias. Y todo indica que cuando el Oriente Medio se enciende, cualquier lucha es abrasante y viral.

Esto también me recuerda una frase del laureado historiador  Theodor Mommsen: “la historia no se hace sin odio ni amor”.

Pero, ¿por qué parece prevalecer el odio?

¿Hay una carencia total de tolerancia y de instituciones fuertes de derecho y políticas de balance de poder?

Pero, volviendo al tema de los ataques aéreos que los saudís lanzan contra las posiciones de los hutíes en Yemen, ahora no se discute si se invadirá o no, sino cuándo. Ahí la guerra se vislumbra extendida y contundente.

Para mala suerte de Irán, no le está yendo bien en sus negociaciones con los 5 grandes + Alemania, en lo referente a la producción de energía nuclear. No hay acuerdo en cuanto al levantamiento gradual de las sanciones impuestas por los países occidentales.

Los acercamientos con Irán desde la diplomacia, pueden estancarse y dejar en una situación incómoda al régimen de Teherán. Si los occidentales se levantan de la mesa de negociaciones, esta nación quedará aislada, avergonzada, y, eventualmente, deberá ceder mucho. Y así, cualquier escenario que inmovilice a los iraníes, le dará más fuerza moral a Israel y más espacio para imponerse al régimen familiar de Riad.

El conflicto en Yemen estremece. Y aunque la Liga Árabe se haya reunido para tomar cartas en el asunto, no tiene buen récord como organismo negociador. Por otro lado, si se debilita la posición de los hutíes, cualquier victoria sunní sería un revés contundente para el liderazgo iraní. Este quiere surgir de las cenizas luego de tantos años de embargo, casi una década de guerra con Iraq, y el imbatible orgullo nacionalista de saberse herederos de la gran cultura persa.

En Asia, hay ya demasiada pólvora regada y tanto desenfreno pirómano. ¿Solo faltaba la península arábiga para agregarse a otras arenas encendidas?

Lo aterrador es que la diplomacia está desesperanzada y los generales enloquecen en sus fortines.

¿Qué hemos aprendido de la historia, si el conflicto yemení se parece a otros bajo el mismo dios y la misma media-Luna?

¿En Asia solo se puede morir bajo las balas y los obuses?