Alejandro Bolaños Davis
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El lunes 26 de noviembre expresé en un artículo publicado en este diario que Arnoldo Alemán y sus diputados y magistrados pactistas iban a avalar o permitir la legalización de los CPC de Ortega-Murillo, y así fue. Por la forma en que se hizo, los PLC-pactistas pretenden crear la apariencia que están en contra de Ortega cuando en verdad son cómplices. Todo lo hacen “compadre hablado”.

Lamentablemente, diputados de la bancada ALN también cayeron en desgracia al legitimar a Ortega por reunirse con él en la Asamblea Nacional. Este desacierto del ALN ayudó a ocultar el apoyo del PLC-pactista a los CPC. ¿Acaso le habrá traído a Eduardo Montealegre beneficios especiales esta reunión con Ortega-Murillo?
Ortega-Murillo no tiene una verdadera oposición en el parlamento. A muchos diputados y magistrados “los tienen cogidos” por pecados o delitos cometidos, acusaciones en proceso, familiares empleados, favores diversos y hasta amenazas directas si deciden actuar en contra de las órdenes de Ortega-Murillo. Lo que queda a las bancadas es “hacer la mueca” o remedo de oposición. En su fuero interno lo que sienten es impotencia y desesperación.

Ahora las bancadas deciden conformar El Bloque Contra la Dictadura para accionar afuera del parlamento, y van a recurrir a la comunidad internacional, la OEA y hasta convocar a los ciudadanos a las calles para hacer lo que ellos no han querido hacer dentro del parlamento. Lamentablemente entre los dirigentes de este bloque figuran alfiles del pacto y los mismos que están “cogidos” por Ortega-Murillo. ¿Es esto otra farsa más para lavarse la cara y engañar a la población?
Lo bueno que pudiera suceder de toda esta farsa si así lo fuera es que al salir a las calles haya un relevo del liderazgo. Que la población demócrata y apartidaria, independiente de los alfiles del pacto y de los “líderes-cogidos” por Ortega-Murillo se logren tomar el liderazgo de la oposición en las calles, igual como hicieron los estudiantes en Venezuela. Para aumentar la probabilidad de que lo anterior suceda es necesario el apoyo decidido del sector empresarial. Igual que en la década del 70, cuando las cámaras empresariales hicieron paros y huelgas, y fueron clave en el derrocamiento de Somoza. Sin embargo, en este momento, el Cosep y las cámaras empresariales son vistas como CPC de Ortega-Murillo.

Todos vemos con claridad cómo el gran capital de la derecha aliado al de la izquierda co-gobierna ahora con Ortega-Murillo para obtener estabilidad e influencia sobre los medios de producción en su afán de hacer más dinero, y por ello no apoyaría el ir a las calles. Recordemos que el capital no es democrático y nunca lo será, y que su único afán es ganar más dinero. Los empresarios en sus empresas no creen en la democracia. Es el dueño o el gerente general quien manda desde la cúpula y funciona como verdadero dictador sobre una mayoría obediente y silenciosa, reprimida en el sótano de la organización. Un empleado común no tiene voto en las decisiones, y si decide hacer las cosas a su modo, lo despiden sin miramientos. De igual manera, el dictador se hace dueño del país y lo maneja como si fuera su empresa. “Dios los cría y el diablo los junta”, dice el refrán. En el “business” de las cosas, el plutócrata entiende muy bien los motivos e intereses de los dictadores, pues el en fondo son iguales.

Por ahora, el business está en que la plutocracia siga aliada de la dictadura Ortega-Murillo. Por ejemplo, el incremento del nuevo salario mínimo (que ni siquiera cubre la pérdida del poder adquisitivo de la moneda) será acordado entre los empresarios y el gobierno con la oposición de los trabajadores. Los trabajadores siguen “poniendo el lomo”, y los principales dirigentes sindicales partidarios de Ortega-Murillo se someten en obediencia a la dictadura aliada con los grandes capitales que se enriquecen más, mientras las grandes mayorías de la población empobrecen. Desde este esquema las perspectivas para el año 2008 no son muy favorables para las grandes mayorías.

Pero vendrá un cambio. Por un lado, existe más de un 50% de la población amante de las libertades y la democracia que no forma parte de las filas liberales-pactistas ni orteguistas, y que sufren la crisis económica. Esto hará crecer el descontento y la protesta en contra de la dictadura. Por otro lado, esperemos que la situación de los plutócratas de seguir haciendo dinero en alianza con Ortega-Murillo se les descomponga al punto que abandonen esa alianza y recurran a apoyar el cambio y las movilizaciones hacia las calles.

Sólo cuando coincidan los intereses de las grandes mayorías amantes de las libertades con los intereses de los plutócratas de seguir haciendo plata, y estos últimos apoyen a los primeros, estaremos en el momento idóneo para derrotar la dictadura de Ortega-Murillo. Antes no. Trabajemos para que 2008 nos acerque a esta posibilidad.