Marcos Antonio Casanova / Catedrático
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Este martes 7 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Salud, fecha que está relacionada a la fundación de la Organización Mundial de la Salud.

El 2015 la OMS dedica su jornada a “la inocuidad de los alimentos”. En la argumentación para la dedicación de la jornada de este año se menciona que, “la insalubridad de los alimentos que ingerimos está relacionada con la muerte de dos millones de personas al año, se dice también que los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades, que van desde la diarrea hasta el cáncer”.

Sería un error relacionar el tema únicamente con los malos hábitos e insalubridad de los consumidores finales de los alimentos, que si bien es cierto están en todo el planeta, la mayoría de los afectados habitan en el tercer mundo. Quienes en condiciones de pobreza estructural se ven sometidos por un injusto orden económico internacional a consumir alimentos que provocan enfermedades. Muchas de estas enfermedades ya no afectan en los países ricos, pero son tratadas con fármacos producidos por compañías transnacionales patentadas en los países poderosos y no es casual que sean a veces también compañías productoras de alimentos las mismas productoras de medicinas.

La cadena de producción de alimentos es inmensa, a simple vista se puede reducir a: productores, fabricantes, vendedores y consumidores, pero no es así. “Las interconexiones de las actuales cadenas alimentarias mundiales hacen que los patógenos presentes en los alimentos se transmitan más ampliamente y a mayores distancias, aumentando la frecuencia de las enfermedades transmitidas por los alimentos y el número de lugares afectados por ellas”. Una sutil exportación de la contaminación, muchas veces buscada a propósitos, ya que generalmente las normas sanitarias son fuertes para los productos que los países pobres exportan y débiles cuando se trata de introducir alimentos manipulados con ingredientes alimentarios importados, que cada vez son más frecuentes en todos los países, especialmente los tercermundistas; la introducción a los países pobres de alimentos enlatados a bajos precios con fechas ya casi vencidas, puede ser considerada un pequeño ejemplo.  
Sirva esta fecha para alertar de la importancia de la inocuidad de los alimentos, y concientizarnos  del papel que cada uno puede desempeñar para que todos tengamos confianza en que los alimentos que nos llegan al plato son inocuos. Los manuales publicados brindan a los manipuladores, preparadores, vendedores y compradores cinco claves para la inocuidad de los alimentos; mantener la limpieza, separar alimentos crudos y cocinados, cocinar los alimentos completamente, mantener los alimentos a temperaturas seguras y usar aguas y materias primas inocuas.

Es necesario recordar también que vivimos en un mundo único ambientalmente hablando, pero que las responsabilidades pasan obligatoriamente por diferenciar que son los Estados ricos los que tienen mayor responsabilidad con hacer de este mundo un sitio mejor para vivir, ya que son ellos quienes han hecho del hambre y las enfermedades un negocio que afecta fundamentalmente a los países pobres.