Jorge Eduardo Arellano
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Nikita Kruschev , líder de la antigua Unión de Republica Socialista Soviética- URSS- durante la XV Asamblea General de Naciones Unidas en 1960, se quitó un zapato y golpeó repetidamente su pupitre, en disconformidad con las palabras de un orador, en aquella ocasión la Guerra Fría estaba en su etapa de nacimiento y las amenazas y el uso de la fuerza pendía sobre los pueblos rebeldes a toda manifestación contraria a los designios del Destino Manifiesto totalitario, de la potencia más poderosa de la tierra, los Estados Unidos de América, y también se gestaba el desencadenamiento descolonizador de África, que ardía, a pesar de la resistencia y manipulación de los interese más egoístas de los países europeos.

El pasado 16 de diciembre, Muntazer Al Zaidi, un periodista de 29 años de la cadena de televisión irakí, durante una conferencia de prensa del presidente Gorge W. Bush, en Bagdad, capital de la intervención colonizadora más despiadada de todos los tiempos, también se quitó sus zapatos, pero esta vez no golpeó su mesa, se los tiro al representante de más alto nivel de esa misma potencia imperialista, interventora y colonialista, en señal de protesta del mundo y como símbolo de la mayor ofensa musulmana. “Éste es el beso de despedida del pueblo iraquí, perro”, gritó Zaidi a Bush antes de intentar dirigir su calzado a la cara del todavía presidente de los Estados Unidos.

Cincuenta años de distancia entre un hecho y otro, me hace reflexionar sobre los mismos métodos de esclavitud, que ejercen a la fuerza, esos Estados de “derechos”, con matices de libre comercio, democracia representativa, monopolio de la tecnología, regulaciones monetarias, proteccionismo, transculturización, crisis financieras globales y manipulación de la cooperación al desarrollo, en contraste como nuestras misma respuestas como países pequeños, indefensos, como pueblos adultos mayores en dignidad, siguen siendo el uso y la razón de la denuncia y la rebeldía.

El zapatazo de Al Zaidi nos queda para la posteridad, como el valiente joven musulmán que expuso al ridículo a Bush, en ocasión del término de su mandato presidencial, no así al término de su intervención en Irak, manifestando su protesta por la hazaña de ocho largos años de sangre americana e iraquí, derramada por intereses y falsedades fabricados por ese sistema totalitario que pasa serios apuros morales y financieros.

A Al Zaid, hoy preso por el gobierno gringo en Bagdad, le espera la horca o al menos 100 latigazos, a Nicaragua le espera una sanción económica, la suspensión al apoyo presupuestario para reducir la pobreza y las metas del milenio, el acceso al agua potable, educación primaria, mortalidad infantil y otros programas que el pueblo los recibía, sin conocer que a cambio de obtenerlos, debés ser esclavo del donante o del prestamista que te los otorga, el esquema es igual que en Bagdad, el colonizador moderno con recursos militares y financieros, requiere de representantes locales para enllavar los dos candados del Bloqueo económico a Nicaragua, la Cooperación internacional y la Asamblea Nacional
Muchos Nicaragüenses andan con los pies descalzos, no tienen zapatos, sandalias o chinelas que tirarles a los promotores del bloqueo, muchísimos no tienen tiempo ni de pensar de dónde sacar para la comida del día o cómo ajustar con el dólar diario que reciben, hay muchos que se revelan por la violencia intrafamiliar y los abusos a menores. Todos los nicaragüenses tenemos la obligación de protestar por las injusticias económicas o políticas a que están sometidos los más desposeídos, pero no podemos cambiar una bala por un clavel, una cooperación por una mordaza, el hambre cero por sumisión, solidaridad por autodeterminación
José Saramago, premio Nobel portugués dijo al respecto: “Nos faltaba el golpe final, nos faltaban esos zapatos que un periodista de la televisión iraquí lanzó sobre la mentirosa y descarada fachada que tenía enfrente”. Sin embargo, añade, “lo hemos tenido, lo sufrimos hasta tal punto que la victoria de Barack Obama ha sido considerada por mucha gente como una especie de justicia divina”.

Al referirse al incidente en Bagdad, Saramago considera que esos zapatos deberían tener unos pies dentro y el objetivo del golpe sería la parte curva del cuerpo donde la espalda cambia de nombre.

arielsomarriba@cablenet.com.ni