Jorge Eduardo Arellano
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Querámoslo o no, siempre seremos protagonista de la época más alegre, comercial y bulliciosa del año; la NAVIDAD. Este espíritu rojo y verde viene a tomar por asalto nuestros hogares, los centros de trabajo, los lugares de compras... viene a robarse la atención de los niños impregnándoles ilusiones en forma de juguetes, pólvora y algarabía.

Esta celebración Cristiana se funda en nuestro país con la tradicional Purísima que con mucho fervor, de parte de los fieles católicos, se celebra el día 7 de diciembre y se extiende hasta el día 8, inclusive.

El comercio formal e informal danza al ritmo de los aguinaldos, las tarjetas de crédito sufren de asfixia prematura cuando sus dueños las ponen hasta el ‘copete’, las casas comerciales refuerzan sus espejismos...el alcohol prepara sus galas, en vasijas de lujo o en envases plásticos, con comerciales convincentes y estereotipos de gran influencia ¡Ya estamos en Navidad! Hay que gastar lo que tenemos y lo que no tenemos, es necesario, estrechar, regalar, comprar, derrochar, consumir, festejar; y pronto vendrá enero con los lamentos de costumbres para enfrentar la realidad de nuestras deudas o acciones.

Y enero no sólo trae los lamentos. Trae promesas, compromisos que obedecen a una necesidad de cambio en cualquier campo de nuestras vidas, especialmente en lo personal que involucra nuestros malos hábitos y sentimientos. En fin son innumerables los planes de cambio...año nuevo, persona nueva. En algunos la promesa se mantiene y cuando empiezan a sentir los dividendos de su esfuerzo, retoman el compromiso con mayor seriedad y siguen adelante, pero desgraciadamente para la mayoría es sólo una quimera temporal producto del embrujo de un nuevo año.

Pero no todo gira alrededor de lo trivial. NAVIDAD es también la época en que nos ponemos más vulnerables y por ese mismo sentimiento que flota en el ambiente nos provoca ser más buenos, mejores ciudadanos, mejores hijos, mejores vecinos, mejores en todo. Es aquí donde los votos y promesas contraídas pueden tener el efecto positivo, negativo o indiferente. Podemos entender a través de la magia de este espíritu bondadoso nuestra esencia y tratar de mejorar en aquellos aspectos débiles de nuestro carácter.

La Navidad no es un cuento de Hollywood ni una puesta en escena del Nacimiento de Jesús, es más que eso. Esta época es propicia para reflexionar, independientemente de la religión que profesamos. Es ideal para medirnos y encontrar una mejor manera de transitar por este período de tiempo que se llama vida; para que aportemos con nuestra conducta y conciencia sentimientos positivos....es para que veamos las cosas como un todo y abandonemos el ropaje egoísta que nos caracteriza.

Navidad nos abre las puertas de la conciencia .Disfrutemos de todo sin abusar, pero no perdamos de vista el sacarle provecho profundo a esta fiesta; alimentemos el espíritu de una buena manera, seamos mejores. Tratemos de compartir lo que sea con quien sea; sin imponernos patrones y metas, simplemente liberémonos para compartir con el que no tiene, con el que le hace falta, con el que necesita.

En un país como Nicaragua es necesario renovar nuestro pensamiento para contrarrestar la efluvia negativa de la mezquina actividad económica política que nos envuelve.

Siento como un deber de toda Nicaragua el intentar cambiar las cosas; que nuestros deseos no se vean saturados de poder personal, gloria, dólares, avaricias y demás pasiones bajas. Es una obligación buscar cada día fuentes de felicidad y tranquilidad basadas en la rectitud, el honor, el estudio, el trabajo, el respeto y más que nada el considerar a DIOS como base esencial de nuestra existencia. Buscarlo en cualquiera que sea nuestro sentir al respecto, cualquier manifestación religiosa en que creamos.

Que no sólo se iluminen las casas y los establecimientos comerciales con bonitos pesebres importados, si no que en nuestros corazones brille la luz de la bondad cristiana, la paz de poner nuestro hombro y solidaridad al que lo necesita. Que la religiosidad que aflora en estos días sea suplantada por una espiritualidad diferente y más humana, tal y como a Nuestro Señor Jesucristo le gustaría.

Que Dios todopoderoso y nuestra Santísima Virgen María derramen sobre Nicaragua y el Mundo entero su gracia. Que nos transformemos en mejores representantes de la raza humana...a fin y al cabo nos regaló la capacidad de pensamiento y el libre albedrío.