Jorge Eduardo Arellano
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El rumor es fuerte, golpea como marejada, y ya se maneja en algunos círculos periodísticos: la oposición, si es que se le puede llamar de esta manera a un grupito de políticos prebendarios y novatos, está presionando fuertemente al gobierno del presidente Daniel Ortega para que se recuenten los votos depositados por el pueblo de Nicaragua el pasado 9 de noviembre, y para eso está usando el chantaje económico y diplomático, y por supuesto, no faltaba más, el auxilio útil, oficioso y perverso de la prensa nacional.

Qué triste: Esto sólo me recuerda a un ex presidente de la República, de quien cuentan que en su adolescencia invitaba a sus amigos muy fachento a jugar béisbol. Era mal jugador pero como tenía plata llevaba una utilería deportiva completa. Sin embargo, cuando iba perdiendo se enojaba tanto que el juego tenía que suspenderse porque arrebataba los guantes, las manoplas y las pelotas que eran de él. Es decir, era un mal perdedor. Pero, sobre todo, mal jugador. Así podríamos resumir lo que está pasando en Nicaragua: un niño malcriado, banquero para más señas, llamado Eduardo Montealegre, pierde las elecciones edilicias en Managua, ya cargaba con una derrota anterior, y disgustado porque el está acostumbrado a ganar y porque los resultados no le dieron la victoria, hace un berrinche nacional e internacional, inicia un show mediático, toca embajadas, cabildea contra la cooperación en Nicaragua, y logra con ayuda de algunos políticos oportunistas la parálisis temporal de la Asamblea Nacional y la percepción, por lo menos mediática, de que este país, después de las elecciones, ha caído en una profunda crisis de gobernabilidad. Es increíble que los Medios de Comunicación Social sigan girando alrededor del berrinche de un niño malcriado que se ha quedado como disco rayado, repitiendo de forma paranoica que él es el Alcalde de Managua.

Hasta ahora el mensaje de la oposición, desde que perdió las elecciones municipales, a través de sus voceros más beligerantes, ha sido claro: si el gobierno persuade al Poder Electoral a que acepte un recuento de los votos, la cooperación internacional suspendería parcialmente su castigo a Nicaragua. De lo contrario, si no lo hace, que el gobierno y los demás poderes del Estado colapsen y que el pueblo se muera de hambre. Total, si ni ganamos las elecciones, dicen en sus reuniones. Que se pudran. Clase políticos los que tenemos.

Que yo sepa, en nuestra historia política y electoral, ninguna elección ha sido negociada a través de chantajes económicos que además de parecerme inmorales son condenables. Los resultados electorales siempre han sido repudiados por los perdedores, y sólo el tiempo termina cicatrizando estas heridas.

Revisemos rápidamente la historia: El 25 de febrero de 1990, el Frente Sandinista, estando en el gobierno, perdió las elecciones Nacionales, y con toda la fuerza política que representaba en ese momento el sandinismo a nivel nacional, esos comicios pudieron haberse negociado para evitar una guerra civil. Pero se respetó la voluntad popular. Daniel Ortega se convirtió en líder de una oposición poderosa. Y lo logró. El FSLN entregó el poder por la vía democrática que este mismo había propiciado a través de los Acuerdos de Esquipulas y Sapoá. En 1996, el entonces candidato presidencial del Partido Liberal Constitucionalista, Arnoldo Alemán ganó las elecciones nacionales por medio de un Fraude tan evidente que el cincuenta por ciento de las boletas electorales aparecieron en los cauces y basureros de la capital. Pese a estas graves anomalías, la observación internacional se hizo de la vista gorda, y el Frente Sandinista tuvo que aceptar los resultados, en aras de la estabilidad política y el proceso de democratización del país. Alemán se convirtió en presidente de la República, con una mayoría sólida, y no recuerdo que haya habido en ese momento una declaración de Sergio Ramírez y de nuestros intelectuales denunciando el fraude y pidiendo recuento de votos. ¿Por qué será que ahora sí lo piden? Es un tema para otro artículo.

El Poder Electoral, en su última resolución publicada el jueves 20 de noviembre del año 2008, ya proclamó a los electos, otorgando 105 Alcaldías al Frente Sandinista, 37 Alcaldías al Partido Liberal Constitucionalista y 4 Alcaldías a la Alianza Liberal Nicaragüense, dando por cerrado el capítulo electoral. Los recursos de revisión fueron subestimados y se notificó a los partidos políticos la decisión del tribunal electoral sobre los mismos. Lo demás es historia antigua. Todo está consumado.

Por eso todos sabemos que solicitar el recuento de los votos, no es otra cosa más que pretender negociar los resultados electorales. Es como abrir una puerta que estaba cerrada. Crear un espacio de negociación donde sólo cabe el cumplimiento a la ley electoral. Nada más. Es peligroso buscar una salida política a un sufragio que está regido por la Constitución y la ley electoral. Hoy se negocian las elecciones, mañana no sabemos. No creo que el Frente Sandinista quiera sacrificar su victoria electoral.

Termino. He oído en estos últimos cuarenta días una serie de propuestas que van desde aberraciones a lo Frankestein como aprobar una ley que anule las elecciones municipales, es decir, pretender derogar la voluntad popular, que es ley, a través de otra ley, es antijurídico, por no decir contra natura. Tampoco es correcto realizar un reconteo de votos. Es como abrir una caja de Pandora que ya fue sellada con la proclamación de electos. Cuidado, podrían haber sorpresas que no le gustarían para nada a Montealegre y sus seguidores. Y, si se recontaran, y salen peor que en sus propios conteos, ¿qué cara pondrían?
Por lo menos, yo, en calidad de nicaragüense, y como funcionario del Consejo Supremo Electoral le pregunto al magistrado presidente Roberto Rivas: ¿Tendrán el suficiente dinero Montealegre y demás detractores para pagarle a usted y a su familia, y a las familias de los demás magistrados una indemnización millonaria por los daños morales que le ocasionaron diariamente a su reputación y dignidad humana a través de todos los Medios de Comunicación? No creo. El agua, una vez derramada, no puede regresar al vaso. Ya es tarde para un recuento y para todo. Este capítulo está cerrado y debe continuar cerrado por el bien de Nicaragua y sus instituciones. La voluntad popular no debe ser negociada.

felixnavarrete_23@yahoo.com