Jorge Eduardo Arellano
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Pablo Amaya
Sin duda alguna dentro de la lucha por mantener el poder, los medios ya sean escritos, radiales o televisivos han jugado un papel preponderante en nuestra sociedad sobre todo en el rol jugado durante estas elecciones municipales que ha sido un caldo de enseñanza para comprender el comportamiento a veces salvaje de nuestros conciudadanos. En este proceso de lucha por el poder los medios masivos han sido la punta de lanza, a tal punto que casi se les ha considerado como un recurso de “guerra sucia” ya que los responsables de llevar la información a la población, es decir los periodistas se han convertido en casi instrumentos que responden a intereses políticos a veces mezquinos.

La responsabilidad ética del periodista se ha visto bastante deteriorada, sobre todo en lo relacionado a su función de informar con responsabilidad, transparencia y de mantener la estabilidad nacional en llamados a la paz, la calma y al buen comportamiento de nuestra población. Lo que logramos observar es que algunos medios masivos de difusión perdieron su papel ético de informar con responsabilidad y en cambio su rol jugado fue el de la desinformación y algunas veces en cambio contribuyeron a la campaña de violencia surgida en los días inmediatos de finalizada las elecciones municipales.

El gremio periodístico tiene la responsabilidad de revisar el comportamiento de uno y cada uno de sus miembros, sobre todo por los actos de violencia a los que estuvieron sometidos algunos, como un periodista del canal cuatro y de otros medios considerados independientes, pero también de la contribución a la violencia que realizaron otros periodistas en medios escritos, radiales y televisivos, incluso se señalaron periodistas con nombre y apellidos de instigar a la destrucción de algunos vehículos de otros medios de comunicación considerados al parecer adversarios políticos. Es decir, los medios masivos de información se han convertidos en medios de odio. Soy testigo de cómo se han utilizado para atacar la moral de adversarios políticos, destruirlos, acabarlos, desaparecerlos ideológicamente o enmudecerlos y no sólo a ellos sino también la escalada de violencia que ha socavado las bases misma de lo más sagrado, como es la familia; hijos y esposas incluidas con la finalidad estratégica de soterrar de un solo golpe cualquier intento considerado hostil a sus intereses particulares o gregarios.

La influencia de los medios masivos de comunicación como instigadores de violencia no puede ser menospreciada, ejemplos sobran y uno de los más significativos del que al parecer no hemos aprendido fue el caso de Ruanda, en lo referente al genocidio cometido en la etnia Tutsi minoritaria por la etnia mayoritaria Hutu. El ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Koffi Annan, no puede ser más elocuente: “ Los medios de comunicación en Ruanda fueron usados para diseminar odio, para deshumanizar a su gente, y más aún para guiar a los genocidas a sus víctimas. Tres periodistas y propietarios de medios han sido encontrados culpables de genocidio por el tribunal criminal internacional para Ruanda. Debemos encontrar una vía para responder a tales abusos de poder”. No por casualidad dicha afirmación fue realizada ante la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad de Carleton en Ottawa.

Siendo que Nicaragua se está africanizando cada vez más, es decir cada vez nos acercamos a las características de los países africanos, sobre todo a lo referente a escaladas de violencia, ya no se diga en los aspectos económicos, dado que violencia y subdesarrollo parecen ser hermanos gemelos, debemos ir poniendo nuestra barba en remojo. Ya no existen en nuestras alma máter los debates de ideas como recursos civilizados de buscar soluciones pacíficas de los diferentes problemas coyunturales que nos asfixian. Será que sólo a golpes y empujones tenemos que ir aprendiendo, a fuerza de sangre tenemos que ir dándonos cuenta de nuestra realidad.

En el proceso de información-desinformación también se incluye el atenuar noticias haciéndolas pasar como poco relevantes o de bajo perfil, ejemplos sobran; como nadie o pocos saben que la guerra en el Congo desde 1996, algunos preguntaran ¿cuál guerra? por las riquezas mineras utilizadas para la fabricación de aparatos celulares de alta tecnología ya le ha costado al pueblo congolés 6 millones de personas muertas por intereses oscuros de compañías transnacionales, otro ejemplo sería no darle la verdadera trascendencia del caso por ejemplo a la suspensión del financiamiento de la Cuenta Reto del Milenio y la enorme repercusión que tendrá en cientos de productores de occidente, construcción de carreteras y asociaciones agropecuarias haciéndole creer al pueblo que Hugo Chávez se va a echar esta responsabilidad sobres sus hombros. Ocultamos de esta manera las tinieblas de nuestra realidad.

El analista Thierry Meyssan a dicho “El periodismo no es un técnica de la descripción sino un arte de la comprensión. Lejos de garantizar la verdad, la inmediatez las hace vulnerables a las apariencias y a los prejuicios”

Es responsabilidad de todos los periodistas brindar información responsable a nuestro pueblo lejos de prejuicios ideológicos y siempre con honor a la verdad, es responsabilidad de los periodistas participar, a como dice Leonardo Boff, el teólogo brasileño, “en la construcción de una arca de Noé que nos salve colectivamente y no conduzca a un futuro más hermoso y más digno”