Álvaro Ruiz Cruz
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Hoy  se ha hecho común la palabra “cambio”. Es  cierto que muchas cosas en nuestra sociedad deben cambiar. También  es cierto que los cambios se dan, queramos nosotros o no. Lo  más  importante es saber que no basta cambiar, sino que hay que cambiar lo malo por bueno y lo menos bueno por lo excelente.

Corre  el dicho que dice: “Todo  poder corrompe”, y lo mejor para no  corromperse  es no tener poder. ¡Qué  buenas ideas y planes tenía Fulano de Tal antes de ser elegido Diputado, Presidente o Alcalde! Lo  malo es que las olvidó mientras lo fue.

El  productor no puede subir los precios de los alimentos son “primera necesidad”; pero lo pueden subir los intermediarios, los acaparadores. Cuanto  ganó el transportista, el vendedor el que lo cultivó. Tantas horas de sol y de trabajo.

El negociante está afligido porque le viene el fracaso, el obrero está abatido porque el sueldo no le llega; el muchacho está desorientado porque lo van a suspender; los políticos están afligidos porque van a perder las elecciones.

El Estado de nuestro país, tiene como fin el bienestar de los ciudadanos, de todos, no solo de unos cuantos privilegiados. La política  no es  para defender los bancos, los grandes comercios, o las grandes industrias; sino para proteger al obrero, al empleado. Pero las leyes protegen normalmente al “capital” y no al pobre.

Al pobre se le puede explotar, se le puede desemplear. No todo lo legal es lícito, no todas las leyes son justas; no toda “Constitución” es lícita. El Estado debe procurar el bienestar para todos por igual.

El hombre se realiza en sociedad. Es un ser sociable y social. La autoridad  es por consiguiente, un servicio para la comunidad, no un privilegio para el que la ejerce.

En toda sociedad hay autoridades que dan leyes, y hacen que estas leyes sean cumplidas. Nuestros deberes para con la patria son: amarla, defenderla, cumplir sus leyes y contribuir  al bien común. El amor a la patria es uno de los amores más dignos, todos debemos esforzarnos por el engrandecimiento de la patria con nuestro servicio, con nuestra colaboración, con nuestro trabajo y hasta con el sacrificio de la vida, si esto es necesario para defenderla, cuando está en peligro.

La  fe  debe iluminar con su luz la política, como actividad de los hombres; lo cual, no quiere decir que la Iglesia, como comunidad de fe deba actuar en política, sino que con su Magisterio doctrinal, a la luz de la fe, ha de iluminar las actividades políticas y decir cuáles son o no conformes con la doctrina de la fe.

La Iglesia es por naturaleza “apolítica” pero tanto la Iglesia como el Estado deben buscar el bien  integral de los individuos. Cada cual en su esfera. Si esto se hace correctamente, no tiene que haber conflictos. Si el Estado no respeta los bienes espirituales de la persona, la Iglesia tiene obligación  de denunciarlo.

Hemos de luchar por una sociedad nueva: sin corrupción  sin corruptores, sin sobornos, sin borrachos, sin explotadores, sin torturas, sin secuestros. Los nicaragüenses necesitamos de buenos y excelentes gobernantes y administradores, capaces de hacer bien sus funciones. Necesitamos dulzura, amabilidad, mansedumbre, paciencia, pero también  coraje, fortaleza, valentía.

Hay que evitar los extremos del apocamiento, la pasividad, una resignación  mal entendida, y por otro lado, la violencia, la amargura y el resentimiento.

“Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza. Nosotros  iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte, y si morimos nuestra causa seguirá viviendo otros nos seguirán (Augusto César Sandino).