Cefas Asensio Flores
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Garantizarle a la niñez una buena experiencia educativa en sus primeros años de vida forma parte de los derechos humanos como reconocimiento a su inherente dignidad, y se enraíza en todas las visiones progresistas del desarrollo humano. El primer grado es una etapa crucial, y puede ser una catapulta o un freno a su desarrollo integral.

¿Qué está ocurriendo en las aulas de primer grado? ¿Por qué tantos niños y niñas abandonan o repiten, y 3 de cada 10 de ellos se desfasan y pasan a una situación de extra-edad? ¿Cuál es el mejor abordaje educativo para superar esta situación? En este grado los niños y las niñas pasan a prácticas y ambientes de educación formal, en donde el juego y las relaciones interpersonales dejan de ser parte esencial del aprendizaje, con aprendizaje vertical de la lectoescritura y operaciones básicas de matemáticas.

Esto representa una ruptura en la manera de aprender; para el niño o la niña que vienen de alguna experiencia preescolar, en donde predomina el juego, la interactividad con sus pares, manipulación de objetos, contacto con colores y formas, atención psicoafectiva docente, así como mayor cercanía entre las madres y el centro educativo sobre el desarrollo de sus hijos e hijas. Y para aquellos de primer ingreso, de hogares con aprendizajes no formales e informales, por medio de la comunicación directa, con algunos juguetes y algunos juegos con sus padres, hermanos o amigos. Este cambio amerita reflexionar sobre el modelo educativo del primer grado.

El aprendizaje significativo para el niño o la niña del primer grado no es solamente un asunto intelectual, y por tanto el método cognoscitivo no es la razón única de su estadía. Lo trascendente no es que comprenda lo que lee, lo que escribe o las operaciones matemáticas que realiza. Es el vital desarrollo personal y psicosocial de estas pequeñas pero completas personas, siendo esta formación la base motivacional para aprender importantes conocimientos; pero que no sustituyen al ser ni a la persona.

El modelo pedagógico del primer grado debería incorporar abordajes del preescolar. Con la docencia adecuada en el primer grado, no importa si se utiliza un método global, o fónico-analítico-sintético, o Montessori; ya que docentes con vocación para estas edades, facilitan ambientes y actividades para comprender lo aprendido, y aplicarlo con pertinencia. Pero también propician relaciones interpersonales, estados de ánimo, atención, reacciones y actitudes constructivas, así como motivaciones para acciones nobles.

Con la comprensión psicopedagógica de la docencia, por ejemplo, se logran soluciones sencillas; pero importantes. Mediante pruebas de audición se colocan a quienes escuchan menos en las primeras filas, o con pruebas de visión se identifican aquellos que requieren de anteojos, actividad que podría organizar anualmente el Mined coordinando con el sector privado. Organizando atención diferenciada, combinando niños y niñas con diferentes temperamentos para balancear el ambiente de aprendizaje, entre otros.

Docentes con vocación para este grado son quienes comprenden y asumen el necesario equilibrio entre desarrollo intelectual y psicosocial. Colocar los mejores docentes en primer grado, sí; pero con vocación para trabajar con las y los más chiquitos. El enfoque psicopedagógico es una necesidad para la docencia del primer grado y para la conducción de centros educativos con este grado. Es conveniente que las universidades retomen esta formación olvidada por décadas, como carrera o especialidad; y acompañen al Mined desarrollando estrategias de capacitación a la docencia en servicio sobre esta materia.

No hay que descubrir el agua helada, porque hay experiencias y lecciones aprendidas que sistematizar. Centros educativos públicos y privados con logros en el manejo integral del primer grado. Centros que logran equilibrio entre educación intelectual, el juego, actividades extraescolares y las relaciones con la familia y la comunidad. Y con este equilibrio, niñas y niños son exitosos en la lectura comprensiva y el razonamiento matemático; mientras muestran alegría, buenas relaciones con sus pares y compromiso en su familia y comunidad.

Otros aspectos necesarios son: la estabilidad de los cambios curriculares, sistemas de evaluación principalmente para aprender, calendario escolar que considere situaciones de emergencia, períodos estacionales, y dinámicas de grupos especiales como la extraedad. Un personal directivo con tales enfoques, comisiones de acompañamiento al primer grado, entre otros.

Un giro en esa dirección favorecería condiciones de calidad humana y educativa en las aulas de primer grado. Y nos ayudaría a tener más niños y niñas con aprendizajes integrales, intelectuales, psicosociales y éticos, para la vida; asegurando así un mejor pronóstico para una sociedad sana y preparada para los retos del desarrollo humano.