Bayardo Altamirano López
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Cuando se los digo, algunos amigos no me creen. Pero los hechos son testarudos.

Estados Unidos padece una crisis hipotecaria de consecuencias dramáticas. La situación del mercado de bienes raíces es malísima. Es una crisis bancaria, pero hay que sumarle la política. En el aparato productivo su impacto es grande. Afecta a la industria de la construcción, gran generadora de empleo, vinculada con cemento, acero, vidrio y plásticos. Por el impacto en la vivienda, el asunto es socialmente grave. Ocasiona un incremento del desempleo que conlleva a nuevas oleadas de racismo y represión. La disminución de importaciones afecta de manera especial a México.

La crisis hipotecaria no es pasajera y tiene impacto social. El precio de las viviendas, cayendo en picada, será un desastre prolongado. Ya se registran quiebras bancarias en la industria de la construcción. Si se interrumpe la cadena de pagos, la situación será explosiva en un escenario macroeconómico deteriorado por el costo de la ocupación de Irak y Afganistán, y demás barbaridades de Bush. Los déficit fiscal y de cuenta corriente crecen sin control y hay riesgos de estagflación. Es decir, más desempleo, rebajas en las tasas de interés y mayor déficit comercial. Y con ello un deterioro todavía mayor del dólar, con fuertes pérdidas para los acaparadores de divisas. En 2008, para evitar que el desempleo aumente, el gobierno tendrá que aumentar de manera sustancial su gasto deficitario. A mayor iliquidez, mayor estagflación.

En lo político, a los republicanos el poder se les escapa como agua entre las manos. Bush tiene 30% de aceptación, uno de los peores índices en la historia para un presidente. Ya son 17 los legisladores republicanos que están haciendo maletas, incluyendo al número dos del Senado, Trent Lott. Súmenle Dennis Hastert, Chuck Hagel, John Warner, Wayne Allard y Pete Domenici. Todos peso pesados que están abandonando el Capitolio, pues ven en cero sus posibilidades de reconquistar la mayoría en 2008.

Para paliar su mala imagen, Bush se disfraza de pacifista y por enésima ocasión reúne a palestinos e israelitas en pláticas de paz en la Casa Blanca. Nada original el mister. Imagínese que un empedernido guerrerista quiere pasar por paladín de la paz. El mismo que asola Irak, amenaza a Irán y gasta millonadas en fabricar armamentos. Tragicomedia para estúpidos. Los patriotas palestinos no se tragan la píldora.

Las perspectivas de los republicanos de recuperar la mayoría legislativa en 2008 son nulas. La guerra en Irak y Afganistán, y varios escándalos políticos, los han dejado a la deriva. Todo indica que seguirán siendo minoría en ambas cámaras y por eso optan por regresar al sector privado. No es nada grato ser minoría. El partido de los ricos se encuentra en desventaja en torno a la recaudación de fondos para la campaña electoral, un indicador del pesimismo de sus donantes. A fines de agosto, los demócratas tenían 42 millones de dólares para dicha campaña contra 9 de los republicanos. De manera que los que queden estarán defendiendo sus puestos con menos dinero en ambas cámaras. Todavía peor, hay 16 legisladores bajo investigación por toda clase de delitos. Sobre todo por corrupción. La mayoría republicanos, lo cual desmoraliza más al partido. Sin embargo, los demócratas también tienen sus dolores de cabeza. El nivel de aprobación del Congreso bajo su dominio registra un 25% de aprobación en las encuestas. O sea que la mala visión de los republicanos no indica apoyo para los demócratas, sino un amplio repudio para ambos. Sólo Hillary Clinton parece que navega viento en popa.