Gustavo-Adolfo Vargas*
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Las islas Malvinas en el Atlántico Sur, están ubicadas al norte del paralelo 60ºS (no sujetas al Tratado Antártico) bajo el control militar británico, indirectamente de la Unión Europea (OTAN); potencial escondrijo naval de la IV Flota estadounidense y cuyas demandas de soberanía diplomáticamente reclamadas por Argentina, permanecen congeladas.  

Se cree que en el archipiélago existe armamento nuclear, pero nadie lo confirma, la región del Atlántico Sur y el Sector Antártico, son estratégicos para el control del paso bioceánico del Estrecho de Magallanes/Cabo de Hornos y la ruta transpolar América del Sur-Australia/Nueva Zelandia.

Cierra el circuito de misiles balísticos, de Estados Unidos/OTAN sobre Rusia y China desde Las Malvinas, o eventualmente partiendo de bases continentales los bombarderos estratégicos y submarinos; según incremente el grado de entrega y colonialismo.

A partir de 2002, en la provincia más austral Argentina (Tierra del Fuego), opera una instalación estadounidense del Sistema Internacional de Vigilancia para la Prevención y Prohibición de Ensayos y Explosiones Nucleares, denunciada como “base nuclear norteamericana”.

En 2010, en Islas Malvinas (Prado del Ganso) se instaló un sistema de antenas, de lo que aparentemente sería un radar de alta frecuencia para estudio ionosférico, que no obstante, puede tratarse de un radar militar trans-horizonte (Over The Horizon Radar).

Recientemente, el Reino Unido denunció que Argentina renovará su Fuerza Aérea con aeronaves rusas de combate Sukhoi-24M arrendadas, debiendo dotar a su base Malvinas del nuevo sistema misilístico tierra-aire (Local Area Air Defence System).

Otra excusa para instaurar un sistema misilístico de defensa de alerta temprana, ya que las instalaciones de antenas en Malvinas, podrían ser parte del escudo antimisiles de Estados Unidos/OTAN, para monitorear la trayectoria de misiles balísticos sobre el Atlántico Sur y Sector Antártico de ocurrir una guerra nuclear.

No se trata de la militarización de Latinoamérica, que de hecho ya lo está, sino de cuánto esta incrementará. América del Sur tiene una alta densidad de militarización del imperio y el colonialismo occidental en sus dos extremos, desplegada en un arco desde Curazao, Colombia, hasta Malvinas, con decenas de bases militares estadounidenses conocidas, y como si no fuera suficiente, Alemania también tiene implantadas 220 bases estadounidenses.

La región continental boreal está rodeada de recursos energéticos (Venezuela); en la central el agua potable y biodiversidad (Amazonia); y en la austral las áreas estratégicas (como los pasos interoceánicos, Antártida). El espacio oceánico, está vigilado por bases Aero-navales en islas estratégicas (como Ascensión, Malvinas), y por la IV Flota estadounidense en operaciones combinadas con unidades navales británicas.

El gobierno de Argentina, criticó que Reino Unido justifique un aumento en su presupuesto de defensa por la supuesta amenaza que el país representa para las Malvinas.

Como dijo la presidenta de Argentina, en la VI Cumbre de Las Américas: “Resulta absurdo que un presupuesto de casi 60,000 millones de dólares, 2.3 del PBI del Reino Unido, está dedicado a defensa”…

“…Han gobernado mi país dictaduras terribles, que acabaron con la vida de miles de argentinos y que fueron, precisamente, las que decidieron la guerra de Malvinas en 1982… sin embargo, con ellos se tuvo siempre relaciones cordiales”.  

Dos cuestiones inciden en este “relanzamiento” de Gran Bretaña de la “Causa Malvinas”. En primer lugar, la cercanía de las elecciones del próximo 7 de mayo; y  en segundo lugar, Cameron buscará su segundo mandato, con miras a continuar como primer ministro hasta el año 2020.

Desde su independencia, Argentina reclama la soberanía de las islas ubicadas a 464 kilómetros de sus costas, y más de 12,700 km de Londres. Los británicos las tienen bajo su control desde 1833. Sin embargo, mientras la Argentina apela al derecho internacional y a la resolución de las Naciones Unidas, el Reino Unido incumple dichas normativas plegándose al armamentismo.

En un mundo marcadamente multipolar, es claro que el “imperialismo británico” empieza por adaptarse como actor coherente, no será por su voluntad.