Manuel S. Espinosa
  •   Managua  |
  •  |
  •  |

En mayo y junio de 1944 el sondeo alemán propuso en diversos encuentros a Dulles  unir esfuerzos para que la URSS no pudiera ocupar ningún territorio alemán a cambio de concesiones en la parte occidental de Europa pero manteniendo Alemania el poder tener libertad de acción y maniobra contra la URSS.

Ante el avance del ejército soviético tras las victorias en Estalingrado, el Arco de Kursk entre otras y la creación de la Dirección de Información y Análisis dentro del aparato de inteligencia soviética, el seguimiento a esa estrategia arrojó mayor claridad en cuanto a los juegos separatistas de alemanes y aliados occidentales. Era ya claro para todos ellos, lo  imposible de evitar el empuje del ejército soviético en el plano europeo y la segura destrucción del fascismo en Alemania. De ahí de apurar el famoso desembargo a Normandía.

A inicios de 1945 el ejército rojo avanzaba liberando a varios países de Europa y el pánico era más que evidente en todos los jugadores. Para lograr, que los aliados aceptaran las propuestas alemanas, estos debilitaban la defensa militar en occidente para que americanos e ingleses llegaran más rápido a Berlín, mientras reforzaban a las 150 divisiones alemanas que desesperadas intentaban detener en esa dirección al ejército rojo.

Los conocedores de este tema pueden con facilidad asociar el libro de YulianSemionov “17 instantes de una Primavera” y las escenas de ese libro llevado a la televisión, donde la inteligencia soviética escucha, graba y fotografía los encuentros clandestinos de los servicios secretos norteamericanos con su contraparte alemana o sus intermediarios que tratan desesperadamente de capitular ante los occidentales.  El libro de manera épica reúne tantas de estas reuniones y la intercepción soviética.

El 6 de marzo Dulles se reunió con  el delegado de la SS del Grupo de Ejército “S” en Italia, K. Wolf para la capitulación de las tropas alemanas en Italia. Producto de la información de inteligencia, la cancillería soviética demandó ser parte de estas conversaciones, a lo que ingleses y norteamericanos no accedieron provocando una nueva demanda por parte de la URSS de abstenerse a todo tipo de capitulación por separado.

El 7 de abril de 1945 Stalin le escribió a Roosevelt “….Cuando el enemigo se encuentra ante la inevitable capitulación,    en cualquier encuentro de un representante aliado se debe asegurar la participación de otro aliado… …pero los americanos e ingleses piensan diferente y consideran la posición rusa incorrecta.  Partiendo de esta posición  negaron el derecho de la participación rusa en su encuentro en Suiza. Yo ya le escribí  y considero necesario repetirle, que  nosotros no les negaríamos el derecho a Ustedes de participar. Sigo creyendo que el punto de vista ruso es el único correcto pues evita  cualquier tipo de sospechas entre nosotros y evitaría que el enemigo siembre la desconfianza.

Sin embargo el último encuentro de otra línea de sondeo que funcionaba desde febrero de 1945 se llevó a cabo  el  20 de abril de 1945, entre Himmler (ministro del Interior) y el conde Bernadotte, representante de la Cruz Roja, a quien se le había solicitado transmitirle a Roosevelt, que impidiera el hundimiento alemán ante la URSS, lo cual ya era un imposible, las tropas soviéticas entraron en Berlín el 8 de mayo.

El lector esperará algún final de acción como suele darse en las películas o los bestsellers, pero la realidad histórica es única. Al final la Alemania hitleriana no logró escapar de su fatal destino. La inteligencia soviética frustró sus planes, así como los de EE.UU. e Inglaterra sobre la ocupación aliada en Alemania y  solución de los problemas de la posguerra según sus intereses.

Inclusive la aportación de la información de inteligencia marcó una línea de acción  estratégicos con base en los secretos del desarrollo de la bomba atómica y  los avances en el campo de aviones supersónicos, radares, radio, electrónica, cohetes, y combustible para cohetes de EE.UU. e Inglaterra.

Durante la firma de la capitulación de Alemania ante los aliados el jefe del ejército alemán, general-coronel  Alfred Yodl entregó los documentos al mariscal Georgiy K.  Zhukov y señalando a los representantes  de EE.UU., Francia e Inglaterra le  preguntó irónicamente: “¿Y estos qué? ¿También nos vencieron?”

Los norteamericanos entendían claramente los réditos históricos de una capitulación alemana por separado y lo difícil que se tornó lograrla; por eso no permitieron que ese fracaso ocurriera con el militarismo japonés a quien le asestaron dos golpes atómicos prácticamente ya innecesarios, pues Japón correría la misma suerte que Alemania ante la URSS y los aliados más temprano que tarde.