José Antonio Castañeda / Analista
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A los héroes soviéticos de Stalingrado, in memoriam

Este 9 de mayo se cumplen 70 años de la gran victoria del pueblo soviético sobre el fascismo hitleriano, y recordamos el valor y sacrificio del pueblo soviético para liberar a la humanidad de ese horrendo mal.

Una de sus batallas, la Batalla de Stalingrado, es considerada por los historiadores como la más grande batalla que haya existido en toda la historia de la humanidad. Gracias a esta batalla la Unión Soviética cambió la tendencia de la guerra, y marcó el inicio de la derrota del fascismo hitleriano.

En diciembre de 1941, el ejército rojo había logrado su primera victoria importante, con una muestra inigualable de valor y sacrificio logró detener el avance de los alemanes prácticamente en las puertas de Moscú. No obstante, la ofensiva de Hitler se mantenía poderosa en todos los frentes de combate. Por estrategia y necesidad, Hitler decide tomar la ciudad de Stalingrado, situada a orillas del río Volga, ya que con ello abriría el acceso al ejército nazi a los campos petrolíferos de la Unión Soviética ubicados en el Cáucaso; otro elemento importante es que la toma de Stalingrado tenía un carácter simbólico, por cuanto llevaba el nombre de Stalin, y según Hitler, se desmoralizaría el pueblo soviético.

El 17 de julio de 1942 se inició la ofensiva hitleriana sobre Stalingrado, comandada por el General Friedrich Paulus, quien además estaba apoyado por los ejércitos húngaro, rumano e italiano, y un contingente de la división azul española. Por el lado soviético a partir de septiembre de 1942 la defensa le correspondió al General Vasili Chuikov, el cual al ser preguntado cuál era su misión, contesto brevemente, “Defender la ciudad o morir en el intento”.

El General Chuikov reorganizó la defensa antiaérea, compuesta básicamente por soldados mujeres, y fomentó el despliegue de francotiradores, los que sembraron el pánico entre los ocupantes alemanes. Los bombardeos alemanes fueron brutales, la artillería y la aviación no paraban, la ciudad quedó reducida a escombros, pero los fascistas no pudieron conocer la otra orilla del río Volga.

Las cifras de los soldados que participaron varían mes a mes, pero en noviembre de 1942 cada bando contaba con más de un millón de soldados combatiendo. Ya en diciembre de 1942, era visible el desgaste del ejército alemán, y el ejército rojo comienza a pasar a la contraofensiva, logrando cercar a más de 250,000 alemanes que eran el grueso de las fuerzas invasoras en Stalingrado. Hitler, en un intento de evitar la rendición, nombra a Paulus en enero de 1943 Mariscal de Campo, ya que a esa fecha ningún Mariscal de Campo alemán se había rendido, y optaban en última instancia por el suicidio.

El 31 de enero de 1943, Paulus se rindió con cerca de 90,000 soldados que fueron tomados prisioneros, que eran los restos que quedaron de las tropas fascistas que sembraron destrucción y muerte en Stalingrado. El 2 de febrero se rindió el último grupo de soldados alemanes, y es la fecha en la que terminó oficialmente la batalla.
En Stalingrado, las bajas alemanas y de sus aliados, se sitúan en cerca de 800,000 muertos, mientras que por el lado soviético murieron más de un millón entre civiles (por los bombardeos aéreos y de la artillería alemana) y soldados. Después de esta gloriosa victoria del ejército rojo, se inicia el derrumbe de las tropas nazis hasta llegar a la rendición total el 9 de mayo de 1945.