Jorge Eduardo Arellano
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Ver una imagen o foto del Río San Juan, o mejor aún haber estado o ir a esta alta representación de la belleza natural es una experiencia formidable que llena de júbilo a quien sea, más a las personas naturistas y ecologistas. Funestamente, llegar a nuestro río no es fácil, los caminos no son tan accesibles y pocas instituciones ofertan tarifas cómodas para su excursión. Los nicaragüenses hemos trabajado poco en hacer sentir de nosotros el río San Juan.

Hoy por hoy, la cuenca del río será sede –si no hacemos algo– de otro daño ambiental más en el planeta. Se pretende hacer una minera a cielo abierto que implica la deforestación de miles de hectáreas de bosques, la contaminación en el río, la muerte de la vida acuática en el mismo, la extinción de las lapas verdes (ara ambigua), afectaciones económicas en las comunidades cercanas a esa zona, y en fin, otro triunfo de la mezquindad de las transnacionales y el sistema capitalista por parte de la firma Infinito S.A., de origen canadiense, autorizada por el gobierno costarricense de extraer alrededor de 700,000 onzas de oro de ese lugar. La minera se proyecta hacer en un lugar llamado Las Crucitas, Costa Rica, ubicada en la cuenca de nuestro río. Este plan minero, violenta además la soberanía nacional porque tanto Costa Rica como Nicaragua ven afectados sus ecosistemas.

Pese a que este proyecto traerá decenas de empleo, será beneficioso a los empleados solamente a corto plazo, por sus pocos años de duración, y luego ¿qué?, encontraremos una tierra inútil, un alto grado de sedimentación en nuestro río, probables conflictos entre las comunidades por la escasez de agua y Dios sabe qué más. Entonces, pregunto, ¿Queremos esto? ¿No entendemos que ya las áreas verdes naturales no deben ser objeto de daño? Es momento de unirnos y no pelear, de contribuir y no destruir. Seamos cada día más humanistas y ecologistas, hagamos en realidad que Nicaragua muestre al mundo su deseo por la conservación de la naturaleza.

Tenemos que leer, informarnos y orientarnos más sobre este peligro que acecha a nuestro país, es hora también de levantar nuestros principios, nuestra dignidad y orgullo de ser nicaragüense. Es tiempo de actuar, de protestar, incorporémonos a toda marcha por la conservación de la naturaleza, pero sobre todo no hagamos caso omiso a los perjuicios en el medio ambiente. Los daños ambientales no tienen frontera, protejamos a nuestro Río San Juan.


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