Isabel Granada
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Tengo la impresión de que las medidas y las campañas de concientización contra la violencia y el acoso a las mujeres en los sistemas de transporte público, aunque loables y creativas no atienden a la problemática de raíz. La violencia y acoso son consecuencia de múltiples factores, como los culturales, los de predominio de estereotipos y la falta de enfoque, a veces, en el diseño de políticas públicas. Dada la dimensión del problema, es necesario reflexionar y buscar soluciones desde el sector de transporte, que sean más proactivas en la planificación, concepción, diseño y operación diaria de los sistemas de transporte. En otros términos, es casi un deber sectorial diseñar planes más pragmáticos que aborden este problema social. Detallo y cuestiono algunas propuestas desde distintas dimensiones que puedan generar un debate más amplio.

Uno. Las encuestas de movilidad: más que preguntas desagregadas por sexo. Las principales ciudades de la región desarrollan grandes encuestas de movilidad con cierta periodicidad. Gracias a que el tema de género ha adquirido mayor relevancia en las agendas de política pública, hoy sabemos que en la mayoría de ciudades, las mujeres usan más los sistemas de transporte público que los hombres. En Ciudad de México representan un 57%, en Bogotá el 59.7% y en Lima el 51.4%.

Las encuestas de origen-destino consideran principalmente los patrones de viajes catalogados como movilidad obligada: casa-trabajo-casa (aunque llevar a nuestros hijos al colegio es sin duda una obligación), sin tener en cuenta otras dinámicas de viajes diferenciadas entre hombres y mujeres, como por ejemplo los desplazamientos relacionados con el cuidado de otros. Cómo usar esta información en pro de la equidad de género. ¿Sería pertinente rediseñar por ejemplo las políticas tarifarias? ¿Cuántos de los sistemas tarifarios actuales abren ventanas de tiempo para favorecer las cadenas modales más complejas (con más trasbordos)?
Dos. Confort: factores de ocupación versus eficiencia en la operación. Un estudio de 2013 establece que una densidad de 5 ó 6 pasajeros por metro cuadrado es un indicador muy probable de hacinamiento, independientemente de la capacidad que tenga el vehículo. De acuerdo con Cheng (2010), el hacinamiento es el factor que más ansiedad causa entre los usuarios de trenes en Taiwán. ¿No es el hacinamiento una de las condiciones más propicias de conductas incívicas? Intuitivamente creo que sí.

Tanto el efecto sobre el confort de los usuarios, como los impactos de la alta ocupación sobre la frecuencia de los sistemas, deberían ayudarnos a replantear los modelos de demanda. De acuerdo con “6 pasajeros por metro cuadrado“, un modelo probabilístico estima que si la demanda se mide sin consideración explícita del hacinamiento como fuente de desutilidad, existe una alta probabilidad de sobreestimar la demanda.

Tres. Equidad de género en el sector de transporte. Todo lo anterior está relacionado con los aspectos de género desde la perspectiva de la demanda, es decir, con los usuarios del transporte público. Pero otro de los retos en materia de género y transporte está en la posibilidad de romper estereotipos derivados de la baja participación de la mujer en la construcción y operación de los sistemas de transporte. Como dice el informe sobre Movilidad Social y Equidad de Colombia, es necesario entre otros aspectos, como en la educación, visibilizar a la mujer en posiciones distintas en los mercados de trabajo, como jefas y en ocupaciones tradicionalmente masculinas, lo que contribuirá a que la incorporación del género en transporte sea mucho más efectiva. Tanto en los países desarrollados como en los que están en desarrollo, las mujeres tienden a estar sobrerrepresentadas en ocupaciones de servicio y los hombres en trabajos de producción (Engendering Development, Banco Mundial 2001). Romper estas barreras tan rígidas sobre las divisiones de género en los mercados laborales, en particular en el de transporte dominado por los hombres, contribuiría a adaptar de manera más efectiva los sistemas a las necesidades reales de todos, y sin duda tendría un efecto demostrativo de que las mujeres no tienen restricción o condición de inferioridad para conducir autobuses, vehículos de carga, manejar maquinaria pesada, o diseñar nuestros sistemas de transporte.

* Especialista del BID