Rafael Lucio Gil *
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En este mes el Foro de Educación y Desarrollo Humano ha convocado a celebrar el Día mundial de la Educación. Alabamos la iniciativa y expresamos todo nuestro apoyo a la misma, más aún cuando se ha ampliado un mes su celebración, con un conjunto de actividades conmemorativas.

Las urgencias de nuestra educación presentan un panorama complejo, que demanda de las instituciones responsables y la sociedad organizada, repensar las políticas educativas en su efectividad, y los niveles de eficiencia en la ejecución de los pocos recursos presupuestarios destinados a la educación. Los datos del año concluido 2014, muestran con claridad, que aun siendo insuficientes estos recursos destinados a educación, ni siquiera se lograron ejecutar en el porcentaje merecido.

Esta problemática y otras que aquejan dolosamente a la educación pareciera que, al nivel general, no tuvieran la resonancia requerida en la sociedad y sus instituciones. Por el contrario, las declaraciones y escritos oficiales, más que transparentar la realidad, se esfuerzan por sobrevalorar los resultados educativos.

La incidencia simbólica en el imaginario colectivo de este proceder, hace que los espacios y actividades dedicados a celebrar cada día la importancia de la educación, cada vez parezcan ser menos, creciendo más bien la anomia que acaba por normalizar una situación, que condena al país a mayor pobreza y desigualdad. Pareciera que padres y madres de familia y educadores ya se hubieran acostumbrado a este estado de cosas, asumiendo este discurso como la realidad, y desarrollando un conformismo nocivo para el desarrollo del país.

Llama la atención que el silencio concertado y controlado sobre estos temas de parte de los funcionarios educativos, contrasta con el gran interés que muestran organismos de la sociedad civil, empeñados en orientar grandes esfuerzos y recursos a la educación en sus diferentes formatos, llamando la atención hacia la educación a todo el país.

Lamentablemente, tales iniciativas y compromisos con la educación, que podrían complementar el quehacer insuficiente de las instituciones educativas, están siendo desdeñados y rechazados en la práctica por la administración educativa, particularmente en este año y el próximo ante la proximidad de las elecciones.

A la sociedad debe importarle la educación y su lucha por mejorar la calidad de los aprendizajes y desempeños prácticos de niños, niñas y adolescentes que avanzan en su continuum formativo. Pero pretender grandes metas en el desarrollo económico del país, sin asegurar el sustento y fuerza que debería proporcionarle una educación de calidad, significará abonar más al estado de postración del país y a incrementar las desigualdades en la distribución de su riqueza.

Es por ello que necesitamos hacer de la educación una lucha cotidiana, lo que será imposible sin el concurso de todos los sectores en un pacto social por la educación, en el que todos superemos la enorme dosis de polarización que separa, logrando debatir propuestas e iniciativas, con gran amor y compasión por el país.

Necesitamos para ello despejar todo aquello que nos pueda estar separando, para abrazar entre todos y con todos, un modelo educativo de consenso. Poder celebrar cada día este empeño, por una educación capaz de incluir a todos los sectores que quieren aportar a su desarrollo, es imprescindible para lograr una educación que supere los grandes escollos que presenta en la actualidad.

Es preciso convertir el derecho a la educación en una realidad total, superando el discurso falaz, luchando por lograr la inclusión con metas reales y necesarias de matrícula, pero sobre todo, logrando que al interior del centro educativo todos se sientan incluidos en una educación de calidad, y no excluidos por una educación mediocre que les predetermina a ser segregados por la sociedad.

Soñamos en que podemos lograr un estado en estado de educación, con los recursos presupuestarios que la Unesco demanda, y la responsabilidad en su ejecución equitativa y efectiva ante tantas necesidades; apoyando a los maestros con mejor formación y trato profesional y salarial justo, y proporcionándoles los medios para un desempeño pedagógico efectivo y de calidad.

Es la única salida a la pobreza y desigualdad, superando el autoengaño y enfrentando con valentía la realidad. Es necesario superar este desinterés por la educación, alimentado por imaginarios simbólicos irresponsables, nada sinceros. No contentarnos con estadísticas engañosas, avanzando en el logro de la cualidad-calidad de la educación. Esa es la celebración constante que también necesitamos. Como la obra literaria Fuente Ovejuna, solo será posible una educación de calidad si avanzamos luchando por hacerla realidad, “todos a una”.