Lesli Nicaragua
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Si usted da un paseo por su localidad y cuenta el número de templos cristianos que observe, llegará a una innegable conclusión: la multiplicación, como de panes y peces, de la religión evangélica. Así lo definen las últimas encuestas sobre este tópico: más de dos millones de nicaragüenses -35% de la población- se declaran cristianos evangélicos.

Este crecimiento merece una explicación. Ya hace décadas la Iglesia católica ha aceptado una masiva fuga de sus fieles hacia esta doctrina, a la que llama de “los hermanos separados”. Pero entonces ¿qué brinda esta religión para que muchos la prefieran y olviden sus antiguos dogmas? Para ello busqué las declaraciones de dos pastores serios y muy reputados.

El primero se llama José Manuel Mendoza, un hombre joven, sencillo y sincero en su discurso. Él es pastor de la Iglesia Bautista Emaús, localizada al occidente de Managua, donde muy afablemente conversamos dos horas sobre la base teológica de las iglesias evangélicas. “La Biblia es la palabra de Dios y de ella emanan los fundamentos de nuestra fe y de nuestra práctica cristiana”, afirma Mendoza, por tanto, todo su credo se fundamenta en los cánones del Antiguo y Nuevo Testamento.

Su dogma estriba en la disciplina seguida plenamente de los libros que conforman la Biblia. Una de sus directrices es el bautismo realizado solo a mayores de edad, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, quien recibió este voto por Juan el Bautista a los 30 años –de ahí su nombre bautista. Esto con la finalidad de que quien lo reciba esté plenamente consciente de lo que obtiene.

Respecto de las imágenes, no las reverencian porque “la palabra es clara: ‘no te harás imágenes de lo que hay en el cielo’”. Por ende, la adoración de imágenes la declaran como un acto idólatra que desagrada a Dios, puesto que Él es celoso en su adoración. De la misma forma opina el reverendo Omar Duarte, quien además enfatiza que el único intermediario entre Dios y el hombre es Jesús, cuya divinidad quedó demostrada por la potestad atribuida solo al Padre.

Pero si hay algo que los distinga enormemente de las demás religiones, es su enseñanza de la Biblia, algo que incluso aceptan los investigadores de la religión. Para estos “la centralidad de la Biblia en la vida cristiana es relativamente reciente, y se debe al influjo del protestantismo”, se lee en un documento llamado La conquista evangélica de América Latina, elaborado por un sacerdote colombiano.

“Nosotros enseñamos con la Biblia. Vos ves a un evangélico y lo reconocés porque lleva su Biblia bajo el brazo, y va al templo a leerla; no solo la lee el pastor, sino que cada congregante lo va siguiendo y analiza los versículos. Pero eso no acaba ahí, sino que esa práctica sigue en las casas de los cristianos evangélicos”, enfatiza Duarte.

Otro punto importante es la naturaleza participativa de sus liturgias. Los congregantes pueden intervenir con alabanzas, adoraciones y testimonios. Además, promueven que sus pastores tengan familia, como lo señalan las Escrituras, de esa manera se evitan el celibato y cualquier problema que devenga de él.

Después de hablar con los pastores, me quedó muy claro que ambos estuvieron prestos a compartir sus puntos de vista. Su amabilidad y su respeto a las creencias de los demás fueron evidentes y nunca rehuyeron a las preguntas y afirmaciones espinosas que surgieron en las conversaciones, lo que demuestra su estudio superior en la Biblia.

Cuando escribía este artículo, escuché a un sacerdote a través de la radio, lamentándose porque ahora en los católicos se palpa esa globalización de la indiferencia que señala su máximo líder, por lo que muchos de ellos migran a “la cera de enfrente”. Su afirmación no pudo quedar mejor como corolario a esta nueva fase de la religión en el país, cuando los creyentes buscan ese consuelo que muy amablemente se lo ofrecen en los templos cristianos para afrontar su difícil situación actual. Yo soy uno de ellos ahora.