Editorial
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Una de las noticias económicas más importantes de la semana última en Nicaragua fue la inauguración de la planta industrial de lácteos de la firma mexicana Lala, que además de ofrecer un millar de empleos en solo su inicio, comprará leche fresca a por lo menos 1,800 ganaderos y, algo importante, trae al país tecnologías avanzadas y por ende una nueva competencia sana que se espera beneficie luego a los consumidores en términos de calidad y precios.

Lo lamentable, en otro ámbito económico, son las protestas violentas de un grupo de mineros artesanales (güiriseros) en el municipio de Bonanza que provocaron la paralización de las operaciones de la minera Hemco, por más de una semana; y peor aún, que estos protestantes hayan irrumpido en las instalaciones de la empresa destruyendo oficinas, equipos, vehículos, repuestos para maquinarias e insumos almacenados, causándole pérdidas millonarias que aún no terminan de ser cuantificadas.

Ese vandalismo contra Hemco, por un reclamo de precios de los güiriseros, afecta tanto a esta compañía de capital colombiano como a toda la población de Bonanza (15,000 habitantes), cuya economía depende mucho de las operaciones mineras; pero también causa daño a todo Nicaragua como país dedicado a conseguir inversiones extranjeras, un propósito nacional que se logra si hay buenos niveles de estabilidad económica y social y de seguridad.

La violencia a que recurrió el grupo de mineros artesanales, que además cometió el delito de invadir y dañar propiedades privadas de Hemco, termina revirtiéndose contra ellos mismos porque si esta empresa suspende operaciones o las reduce, se quedan sin su principal comprador de materia prima, y la comuna de Bonanza recibiría menos ingresos por impuestos. ¿Por qué no buscaron la vía del diálogo en vez de la vandálica? ¿Por qué tuvo que morir una persona y varias resultar con lesiones de manera innecesaria? Al final, la violencia no deja ningún beneficio a alguien; y en vez de resolver un problema, lo agrava.

En la mina El Limón, al Occidente del país, ocurrió una protesta también violenta contra la empresa B2Gold, solo porque esta ya no puede dar más energía gratuita a 8 mil habitantes de la comunidad donde opera. Por varios años le ha regalado la energía a esa población, pero debido a que la gente ha aumentado el consumo, colapsó la capacidad del sistema de generación de la empresa. Al respecto, consideramos incorrecto que algunas personas abusen de un servicio gratuito y que, para colmo, reclamen de forma violenta a quien se los ha dado, cuando se los disminuye.

En general, las inversiones extranjeras traen beneficios a los nicaragüenses; más, por supuesto, para las poblaciones favorecidas de forma directa por el empleo, los negocios o la inversión social. Sin embargo, algunos gremios o comunidades necesitan aprender que la relación población-empresas es más fructífera si se teje con el diálogo y la negociación, descartando los chantajes y la violencia.