Orlando López-Selva
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Los británicos fueron a las urnas no solo para escoger a un  gobernante en 10 Downing Street, sino para definir, en el corto plazo, si permanecerán o no dentro de la Unión Europea.  

En Londres se siente que el estar dentro de la Unión Europea, aunque ha tenido beneficios comerciales, agrícolas, económicos, también ha tenido consecuencias negativas: contribuciones financieras para que las economías de países pequeños se estabilicen, trabajadores migrantes que ingresan con muchos derechos y flojo control, y una política exterior europea cuestionable para los intereses británicos (¡Londres en esto coincide más con Washington!). Además, el liderazgo británico se ha visto ensombrecido por la pujanza de Alemania y Francia.

¿Puede ser atribuible este fenómeno a la declinación en general de las naciones anglosajonas?

Acá los destacados partidos políticos británicos: laboristas (socialdemócratas), liberales, conservadores, independientes y verdes, deberán acordar --por referendo-- si Gran Bretaña (GB) sigue o no en la Unión Europea.

Esa gran Unión de 28 países, es un reto gigantesco para el carácter particular de los británicos: prácticos, independientes, críticos de todo, irónicos, racionales, deliberativos, y ensimismados en sus ritos monárquicos y parlamentarios.

GB es un modelo de democracia occidental plural, adaptable, moderna. Ahí conviven monárquicos, aristócratas, plebeyos, ideologías diversas (¡un parlamento con 650 curules), que usan el mecanismo político para dirimir sus diferencias civilizadamente.

Sin embargo, luego de permanecer animado, por algún tiempo, con los europeos, Londres se ha sentido “relegado” por el liderazgo franco-germano, en muchos temas (¡Aunque esto jamás lo admitan así! ¡Sería humillante reconocerlo!).

Para los detractores de los británicos, GB es una potencia  menguante, desajustada, confundida por su identidad nacional, insatisfecha por su rol en crisis políticas globales.

Para otros, esto es cuestión de enfoque y divergencias en cuanto a cómo actuar.

Hace poco la columnista inglesa Natalie Nougayrède escribió: “el asunto no es trabajar para ellos (Paris y Berlín) sino con ellos”.

¿Orgullo herido?
Solo en ciertos temas internacionales, Londres comparte criterios con Bruselas más que con Washington; aunque con los Estados Unidos converge más en intereses estratégicos.

En gran medida, el liderazgo franco-alemán ha prevalecido porque estos dos Estados han ejercido mayor liderazgo económico en tiempos de crisis (léase: desembolsos financieros) y un invariable enfoque geopolítico (léase: arriesgarse por socios pequeños), para que el tejido europeo no se deshilache.

Además que los alemanes saben que dejando a un lado a los británicos, obtienen dos puntos primordiales (¿o meten cizaña?): en la rivalidad franco-británica; y refuerzan el sentimiento de superioridad alemán. En esto Londres se puede quedar afuera, pero jamás desamparado. ¡Cuenta con el apoyo incondicional de Washington!

Sin embargo, en Washington, Obama comulga más con la diplomacia europea  que enfrascarse conteniendo a rusos, chinos e iraníes.
Y después de la intervención británica en Irak en 2003 (¡un asunto cuestionado, desgastante y errático!) Londres ha optado por el aislacionismo internacional. Ha sido más observador diligente que activo combatiente en conflictos distantes.

La máxima política, sin embargo, dicta que los que se ausentan ceden espacios que otros toman rápida y contundentemente.

El terrorismo ha erosionado mucho a las democracias occidentales, que han debido desviar recursos, tiempo y enfoque en combatirlos. En otras palabras, los adversarios amenazantes  (Rusia, China, Irán) ven cómo Washington y Bruselas se desgastan con terceros.  

Por el lado financiero, nadie puede vivir gastando solo en defensa, cuando China Continental cada día crece amenazante y exponencialmente: en tecnología, industrialización, comercio, poder económico. Y es difícil que cesen en ese intento, mientras sus adversarios occidentales, solo crecen aritméticamente.

Los dos grandes pilares de Occidente son Estados Unidos y la Unión Europea. Y Londres tiene la opción de estar en cualquiera de esas dos aceras. No dudo que se sientan muy cómodos con Washington y algo incómodos con Bruselas. Pero si se salen de la Unión Europea porque se merma el liderazgo británico, corren el peligro de perder muchas de sus tradicionales instituciones, y otros seguirán ese camino.

¿Posiblemente Dinamarca, Holanda, Polonia?

Si la salida británica de la Unión Europea ocurre, se debilitará  aún más Occidente.

A Bruselas no le conviene perder socios pequeños ni grandes.

¿Rusia verá a Europa como a una presa fácil? ¿Habrá mucho interés de algunos Estados europeos medianos en cuestionar el liderazgo franco-alemán que está más enfocado en asuntos económicos que en cuestiones estratégicas?

En geopolítica, los países grandes tienden a ejercer un liderazgo  más duradero.
Las emergentes potencias asiáticas saben que la disparidad de pareceres en Occidente, siempre es una concesión aprovechable. Más aun con este soliloquio político británico.