Jorge Eduardo Arellano
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La crisis financiera y económica que sacude a Estados Unidos se está extendiendo al mundo, y arribando a América Latina. Las ventas minoristas y la producción industrial en USA cayeron fuertemente. Se perdieron, en lo que va del año, 850,000 empleos. La tasa de desocupación sobrepasó el seis por ciento, y según los pronósticos del Nobel Krugman, puede saltar a más del ocho por ciento. En América Latina significó reducción de exportaciones, baja de sus precios, restricción en las inversiones externas, y están cayendo las remesas de los inmigrantes, la mayor red de protección social que ayudaba a más de 100 millones de latinoamericanos pobres.

Un reciente informe de la OIT muestra que la globalización financiera perjudicó en todo el mundo a los pobres. Aumentó la inestabilidad económica y la desigualdad. En los 90 las crisis bancarias fueron diez veces más frecuentes que a fines de los difíciles 70. Entre 1990 y 2007 la participación de los salarios en los ingresos se redujo en 51 de 73 países analizados. América Latina, donde perdieron un 13%. La distancia entre el 10% de población con salarios altos y el 10% más salarios bajos llegó a 70%. Los gerentes generales (CEOS, en inglés) de las 15 mayores empresas, cobraron en 2007 sueldos 520 veces mayores al ingreso del trabajador promedio. En 2003, eran 360 veces mayores, y hace 30 años, sólo 30 veces mayores. Dado que las ganancias de los CEOS estaban ligadas a las de las empresas, actuaron llevándolas a altos riesgos para ganar lo máximo en el menor tiempo. La sociedad americana dice que es inadmisible que, favorecidos por la ausencia de regulaciones, hayan jugado con los ahorros de todos al “casino financiero” para ganar más, y que ahora los contribuyentes y la sociedad estén pagando los costos de sus juegos.

La brecha creciente de ingresos, y América Latina es la región más desigual, es resentida cada vez más por la población, y aumenta la conflictividad social. Asimismo, según la OIT incide en “más delincuencia, menor expectativa de vida, desnutrición, y trabajo infantil”. La Cepal estima que en América Latina pueden aumentar los pobres en 15 millones, superando ampliamente los 200 millones.

La pequeña clase media, los trabajadores y los pobres, no tienen ahorros que les permitan autoprotegerse en las crisis. Se requieren activas políticas públicas de protección en donde colaboren las empresas y la sociedad. Entre ellas: mejorar los seguros al desempleo, aumentar las inversiones en salud y educación, fortalecer los programas de transferencias condicionadas, dar más recursos a los gobiernos regionales y municipales para que no limiten, sino por el contrario, mejoren la calidad de los servicios públicos, promover activamente la pequeña y mediana empresa. Sería un grave error en América Latina recortar las políticas sociales como ya preconizan irresponsablemente desde viejos dogmas algunos sectores, en el momento en que más las van a necesitar las familias vulnerables de la sociedad.


*El autor es Asesor Principal del PNUD América Latina.