Jorge Eduardo Arellano
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La nota roja este año confirmó que su compromiso social continúa pendiente. Una de sus características fue promover la cultura de violencia de la cual tampoco estuvieron al margen los medios. Su manifestación anti ética hipotecó los principios de responsabilidad social a los que están llamados a cumplir los medios de comunicación.

Esta cultura de violencia se expresó a través del morbo, el sensacionalismo, el dolor humano y la denigración como elementos predominantes. Máximo Rugama, periodista de EL NUEVO DIARIO, sufrió sus secuelas, lo que ratifica que la violencia nunca es justificable bajo cualquier tipo de circunstancia. Periodistas y medios deben replantearse una cobertura desde una perspectiva de interés humano. Las voces más reacias --que defienden este modelo de nota roja-- continuaron escudándose en la libertad de expresión, pero lo más grave fue que utilizaron esta conquista como impunidad, ilegalidad, abuso e injusticia contra los sujetos de la nota roja.

Su lenguaje está cargado de adjetivos y epítetos denigrantes: Niña violada pide a su victimario en matrimonio, Fue orgía de sangre la de “El Chibolón”; sólo demuestro una clara violación a la dignidad humana. Principio al cual los medios están comprometidos a proteger como parte de su responsabilidad social. También el dolor ajeno siguió siendo motivo de mofa en la nota roja. Para algunos medios esta forma de narrar fue para ponerle “salsa a los acontecimientos”. La Nueva Radio Ya fue la que más utilizó y difundió este tipo de periodismo inhumano. Una actitud que contrarrestó sus acciones sociales.

En la televisión, la lógica de producción de nota roja continuó siendo llevar imágenes de violencia, de lo contrario, éstas “no llevaban carne”. La excusa de sus más férreos defensores fue que “los televidentes demandan este tipo de periodismo, porque están hartos de la política”. La autorregulación no funcionó. Urgen cambios en la manera de presentar los acontecimientos. Como lo hacen, penden de la cuerda floja. Anima a muchos sectores a recurrir a las regulaciones vigentes en el Código Penal.

La línea del pueblo, la voz del pueblo... cara a cara con la noticia... como se autodefinen algunos medios de nota roja, pusieron en evidencia que detrás de estos discursos protectores de las clases desfavorecidas, primaron otros intereses. La nota roja en televisión aparentemente apostó a conquistar al 70% de la población que vive en la línea de pobreza. Irónicamente, aunque este tipo de televidentes no fue el targets --de las mayorías de productos y servicios que se ofertan en los spots--, su mayor beneficio, sin duda, resultó ser el raiting. Siendo éste el principal indicador de los mercadólogos para que demandaran mayor publicidad.

Esta situación se tornó evidente con la batalla de shows dirigidos a la niñez, la caravana de premios en los barrios y la creación de fundaciones filantrópicas con el propósito de conquistar a las audiencias. ¿A caso este tipo de acciones puede sanar el dolor ajeno que la nota roja hace público? Difícilmente. Los daños de la nota roja a la población resultaron superiores a los pocos o ningún beneficios que retribuyeron en este año a la sociedad. A esto hay que preguntarse sobre su rol fiscalizador en la sociedad.

El español Ignacio Ramonet señala que “los medios cada vez responden más a lo inmediato, no reflexionan y reaccionan con brutalidad; no hay tiempo de analizar lo que sucede...”. También el polaco Ryszard Kapuscinski sentencia que: “Ahora, la preocupación de los medios de comunicación no es el cubrimiento, sino es la lucha entre ellos por la competencia. Ya no miran si pasó algo importante, miran dónde están los demás para que no se les adelanten”. Aunque ambas críticas sobre la calidad de la información periodística en un principio están dirigidas a los medios en general, en la nota roja se hacen más evidentes.

Fue asombroso observar cómo los periodistas de nota roja de medios audiovisuales aseguraron haber explicado y contextualizado hasta el cansancio a la ciudadanía las causas de la violencia en el país. “Como ya sabemos, una vez más en la mayoría de accidentes de tránsito son los motorizados los que se llevan la peor parte...”. Pero lamentablemente en la realidad no ocurrió así, su deuda continúa pendiente. Cuando se analizaron las fuentes de información, resultó que éstas las constituyen en su mayoría testigos, bomberos, Policía, paramédicos, sin buscar otras voces más calificadas que ayudaran a explicar mejor las causas de muchos hechos. En la mayoría de los casos, los esfuerzos en esta dirección quedaron rezagados al final de cada año, pero también muchas de estas informaciones se enfrentaron a los tentáculos de las vocerías.

La nota roja tuvo personajes trillados, sólo con una variante, y fue que en la mayoría de los casos las víctimas o victimarios estaban ligados a la pobreza. ¿A caso en los hogares con mayores niveles socioeconómicos no existe violencia en sus diferentes expresiones? Una pregunta que la nota roja está obligada a responder. En las páginas de los periódicos, en las radioemisoras y en las pantallas de televisión únicamente aparecieron los pobres. Contrario sensu, los ricos jamás incurren en este tipo de actividades. El calificativo de “delincuentes de cuello blanco” nació para subsanar este vacío. Este tipo de cobertura sólo promueve la división ciudadana. El mensaje sobre la violencia pareciera ser que buen ciudadano equivale a tener buena condición socioeconómica y viceversa.

Otro de los retos de la nota roja fue mostrarse abierta a la crítica y a la rendición de cuentas. En parte esta rendición de cuentas debería traducirse en la promoción de los derechos humanos, niñez y adolescencia, por medio de una campaña permanente contra la violencia en sus distintas expresiones. Los medios son los primeros llamados a realizar esta labor.

A la largo de este año, la nota roja demostró que el suceso se puede tratar desde una perspectiva humana. Canal 2 hizo un esfuerzo en este sentido, rectificando su compromiso social. De tal manera que el gran desafío de la nota roja, en 2009, debería ser abandonar el modelo de periodismo sensacionalista de William Randolph Hearts y apostar por el legado de Ryszard Kapuscinski, que se resume en un periodismo ético y con gran sentido humano. Un compromiso que debe asumirse de manera integral por parte de los dueños de medios, editores, jefes de información, fotógrafos y camarógrafos.


Analista de medios
Adrian090981@hotmail.com