Jorge Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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Estamos llamados siempre, de manera inconsulta, a ser testigos de comportamientos de otros consumidores:

1) En un servicio de comida rápida, gasolinera, un consumidor pidió una sopa de fideos  Maruchan (Instant Lunch),  para consumir en el local. El despachador, un joven, le atendió de manera educada. El consumidor, edad media, probó el producto, no le gustó y reclamó al despachador por los ingredientes agregados. El joven se disculpó excusándose que agregó lo que él mismo había orientado, sin mediar tercera palabra el consumidor le arrojó el contenido. Usted, está leyendo, sabe de la temperaturade este producto al ser calentado, lo lastimoso de la quemadura en la piel (difícil de explicar), al caer el líquido en la mano. Lo único que brindó protección al trabajador, fue su uniforme. Se escuchó el lamento del trabajador al contacto con el líquido hirviente en su pecho;

2) Un grupo de 6 trabajadores (hombres y mujeres), con el uniforme de su centro de trabajo, pagaron y consumieron una diversidad de productos. Al terminar uno de ellos sugirió llevar lo que había quedado en la mesa al depósito de basura, a pocos pasos. Una de las consumidoras del grupo ripostó que no, que para eso habían pagado, acto seguido se retiraron, la mesa quedó totalmente cubierta de desperdicios.Luego se acercó una de las trabajadoras a limpiar la mesa. Le pregunté sobre este comportamiento de algunos consumidores, la falta de consideración a otro trabajador, atinó a responder que así procedían la mayoría de losconsumidores, y que contradictoriamente eran más comprensivos los extranjeros. Esa mesera era una mujer joven, madre y trabajadora. El local una sucursal Tip Top;

3) Gasolinera PUMA de la colonia Centroamérica, Carretera a Masaya, llega a comprar 3 cervezas una señora de unos 30 a 34 años, su físico mostraba un embarazo. La cajera por error marcó 6. Ante el reclamo, se disculpó y propuso regresarle el dinero marcado de más, explicando un problema técnico en ese instante que le impedía revertir el cobro. La Consumidora, tono áspero, sin motivo pues la cajera al dar la respuesta fue siempre educada, alterada ordenó limpiar ya la tarjeta, pues ella pidió 3 y no 6, ufanándose de no saber con quién se estaba metiendo y quién era ella,que la podía mandar a echar presa en cualquier momento. Hizo una llamada por celular (¿?) y unos minutos más tarde le respondieron que fuera a la sección de Policía cercana, todo pronunciado en alta voz.

De más está decir la condición humilde de la cajera, se llega a estos trabajos por necesidad.Efectivamente una instructora de la Policía llegó a levantar acta de esta “estafa” de la que había sido “víctima” (no tengo el dato de la tipicidad escogida), por algo que aún se piensa y siente como inaudito. La cajera (una muchacha de unos 25 años muy delgada, baja y pálida) lloraba desconsolada por lo humillante de aquello, imposibilitada de hacer algo, esto no conmovió a la consumidora de elegante vestimenta, obligando a firmar un “acuerdo”sobre este ridículo, no tengo otra palabra.

Esto, presumo, debe constar en los archivos de Policía, y filmado en las cámaras del local, por si alguna autoridad se le ocurre investigar. Si esto me lo hubiesen contado, no lo creería. A la cajera no le volví a ver más en el local. Renunció como trabajadora, menospreciada como ser humano por una consumidora.

Estos son algunos lamentables comportamientos de nosotros como consumidores cuando olvidamos nuestras obligaciones. Y es que a la par de un derecho, existen obligaciones como en cualquier rama del Derecho.

La Ley No. 842 “Ley de Protección de los  Derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias” escribe (arto.7) entre las Obligaciones  la de pagar (inc.1), que es la primera, pero de cara al empresario, por el servicio o bien que se nos da. Pero sus incisos no versan en un orden de prelación, no es esa su lógica. De manera que de cara a quien nos sirve, el trabajador, nuestra primera e ineludible obligación es: “Dirigirnos de forma respetuosa y cortés a la persona proveedora” (inc.8). 

Primera y más grande obligación: tratar como persona a quienes nos sirven. Es nuestra obligación. Dar buen trato para recibirlo (Derechos del Consumidor: “Ser atendido…con respeto, amabilidad, ética, calidad humana…” Arto. 6; Inc. 5). Ojalá que quien recibió esa llamada de esta consumidora, si está leyendo, haga uso del mismo poder e influencia con ese celular para buscar y darle trabajo a esa humilde cajera de la gasolinera.