Salomón Manzanares Calero
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Un golpe "contundente" propinado por el boxeador Román González al japonés Akira Yaegashi, en septiembre 2014, le dio otro título mundial de boxeo. Bien por los aficionados, e incluso los “creyentes” que atribuyen a un ser supremo dicha victoria. Así también Floyd Mayweather Jr, declarado campeón, fue muy agradecido con Dios por su victoria ¿Y en la derrota, Dios no estaba con el japonés ni con Pacquiao? 

Actualmente se ha puesto de moda atribuirle a Dios muchas cosas que hacemos con o sin conciencia. Sean estas para bien o para mal, hay quienes exageradamente ruegan a Dios la concreción milagrosa. El fanatismo es ciego y la creencia religiosa perniciosa. Pues tal uso no es con fines legítimos de hacer el bien sino de satisfacción caprichosa personal. 

Por una red social una “cristiana” desubicada se postra ante el altar virtual, y deposita su plegaria “Tu ganarás Pacquiao!!! A Dios no le gustan los que se enaltecen. A él le gustan los humildes de corazón.... go Pac!” Y así, cantidad de referencias principalmente cristianas en el continente americano en donde han aumentado los negocios, las iglesias pentecostales o garajes convertidos en templos esporádicos. Todo en el nombre de Dios. ¿Pero qué Dios?

El Chocolatito; “gracias a Diosito lindo que está en los cielos, que es el que me da la fuerza para obtener este triunfo”. O los tristes fanáticos latinoamericanos de la liga europea de fútbol, ¿bendecidos por obtener la victoria el Barcelona y maldecidos el Real Madrid por la derrota?

¿Qué tipo de Dios es este? Un Dios que está a favor de que un semejante le pegue sus buenas trompadas a su similar, muchas veces hasta dejarlos locos o paralíticos en un hospital. Un Dios complaciente con el sufrimiento de quienes soportan la derrota, hasta llegar a la depresión, el suicidio y las enemistades. Un Dios avaro que permite cargar en los bolsillos derivados de apuestas, hasta llegar a ostentar cuentas bancarias, automóviles, mujeres u hombres como parejas, joyas, fama, haciendas y casas. Un Dios somnoliento que lleva a la felicidad a través del consumo de esteroides, cocaína, crak, marihuana para ponerles “elevados”. Y no un Dios de bondad. ¿Y es cuestión de Dios lo que hace Israel en contra de Gaza y Palestina? “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".

Muchas veces orinamos fuera del huacal. Atribuimos responsabilidades a quien lejos está de asumirlas. Los estudiantes por ejemplo; "Diosito ayúdame en el examen, que el profe no me cuelgue, por favor". Pero la noche anterior felizmente hasta las dos de la mañana en la zona rosa. Ya Dios hizo lo suyo, le dio la vida y la fuerza, sin embargo el lápiz y la redacción es responsabilidad personal.

Recalco, otra moda, hasta los saludos e inclusos algunos fanáticos religiosos que se enojan que no les contestés el amén después que te dicen bendiciones, palabras propias de un conglomerado que se ha convertido en apóstoles certificados.