Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Me refiero no a ensayos y artículos dispersos en publicaciones periódicas y digitales, sino a libros y folletos impresos a partir de la Memoria poética: 89 poetas / 53 países del VIII Festival Internacional de la Poesía de Granada (Managua, 2013), consagrado a Carlos Martínez Rivas en 2012. Allí se reproducen cuatro textos exegéticos firmados por Nicasio Urbina (“Carlos Martínez Rivas: dialéctica de una vida”), Erick Blandón Guevara (“La alegría del descenso en CMR”), Yaoska Tijerino (“Carlos Martínez Rivas y el arte pictórico”) y Donaldo Altamirano (“Dos geómetras en busca del infortunio”).

Testimonio de su amistad con CMR, Altamirano reconoce “la excepcional jerarquía intelectual y humana” del autor de La insurrección solitaria (1953), evocando “las carencias materiales de aquellos años ochenta. Nos supimos conjurar para lidiar contra la burocracia cultural y editorial, para fiar y pagar, no sin tropiezos y prórrogas, en las pulperías, en los minimercados, en los comedores y en los bares”. Tijerino interpreta la poética carlosmartineana analizando tres alusiones pictóricas del poema “Memoria para el año viento inconstante”. Blandón Guevara se concentra en los poemas carlosmartinescos “a favor de la revolución sandinista” y Urbina traza una semblanza de quien “llegó a lo más alto de la transustanciación poética y cayó en la miseria de la debilidad humana”.

A principios de 2012 (antes de marzo, y algunos con el año 2011 en sus fichas bibliográficas) se publicaron seis títulos sobre el poeta. El primero y más consistente fue el de Anastasio Lovo: Carlos Martínez Rivas: una poética de dimensión humana (Editarte, 110 p.): tres comentarios de texto (sobre los poemas “El paraíso recobrado”, “Dos murales” y de nuevo “Memoria para el año viento inconstante”) y un prólogo donde afirma: que Martínez Rivas “poetiza lo vivido, lo sufrido, lo gozado, lo bebido, lo comido, lo fruído, lo ironizado y lo vomitado”. El segundo correspondió al supuesto ensayo de Carlos A. López Gómez: De la insurrección literaria a Traiciones a Carlos Martínez Rivas (escrito en 1992 y mal editado por Berenice Maranhão. 121 p.); el menos caótico que el anterior, de la misma Maranhão: El lado oculto de El paraíso recobrado (Copy Express. 124 p.); y el cuarto a una reproducción en folleto del atinado y ya clásico estudio de Julio Valle-Castillo: Carlos Martínez Rivas y/o la soberbia verbal (Fondo Cultural Caruna, R.L. 40 p.), anteriormente publicado en Nuevo Amanecer Cultural (17 de junio, 1990).

El quinto título fue otra reedición: la segunda del amplio y desgarrante testimonio de Berenice Maranhão aparecido en 1991: Traiciones a Carlos Martínez Rivas / Semblanza no autorizada (Vanguardia. 246 p.), considerado por su prologuista Juan Chow “el libro del sufrimiento de un genio”. En cuanto al sexto, se debió al interés difusor de la referida amiga brasileña de Martínez Rivas y tuvo dos autores: Donaldo Altamirano y Pablo Centeno Gómez. ¿Su título? Diarios y peregrinaciones visuales de CMR (Serfosa, 60 p.) Y su contenido se limita a dos ensayos: uno acerca de los “Diarios” de CMR, elaborado por Altamirano; y el otro sobre la vocación y la percepción visuales del mismo CMR, por Centeno Gómez.

Dos años más tarde, la bibliografía carlosmartiniana se enriqueció con otra publicación de carácter testimonial, o más bien anecdótico, pero interesante: Cartas de amor de Carlos Martínez Rivas a Evelyn Martínez (E. Martínez, 118 p.) Pero el esfuerzo más abarcador y comprensivo es, hasta ahora, el de Pablo Centeno-Gómez: Carlos Martínez Rivas / Humanidad y sensibilidad artística (Managua, Centro Nicaragüense de Escritores, 2015. 361 p.) Esta obra del último gran amigo y protector de CMR comprende siete capítulos: I. Periplo; II. Un disidente solitario; III. Una visión particular de la mujer; IV. Poeta y maestro; V. Vocación y percepción visuales; VI. Estela de la ópera omnia; y VII. Distinciones y semblanza crítica de su obra poética.

Recurriendo a los “diarios” y cartas de Martínez Rivas, Centeno-Gómez realiza una prospección en el mundo interior de su héroe y poeta maudit (hasta en la práctica de la Gatitud: adoración a los gatos) y schopenahueresco al asumir desde joven el pesimismo radical, abatido por la tragedia de amar verdaderamente a una sola mujer: su madre. CMR tenía vocación para la medicina y, en vez de aceptar una beca que le ofrecían para ingresar a la Universidad de Michigan, optó por estudiar Letras en España. “Fue este el primer error considerable de mi existencia —confesó—, al que consecuentemente siguieron otros innumerables”.