Orlando López-Selva
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Con el avance de las negociaciones entre La Habana y Washington, la visita de líderes políticos y empresariales a Cuba, está de moda.

El Presidente francés Francois Hollande estuvo en Cuba y visitó a los hermanos Castro. De Fidel, dijo que estaba “alerta y bien informado”. Una paradoja en un país donde tantas personas han vivido entumecidas y desinformadas, porque el régimen cubano no admite disidencia.

¿Por fin está asentándose la idea de la democracia y las libertades amplias en Cuba, a pesar de tener un sistema de partido único, economía controlada y solo derechos sociales?

¿Entonces, la democracia llega después que la idea del mercado amplía la posibilidad de las necesidades no materiales del hombre?

O para ponerlo en términos más claros: ¡primero el pan (la tortilla, la arepa) y después el ideal de libertad!
Hollande es el segundo líder europeo en visitar Cuba. Primero lo hizo el Presidente español Felipe González en 1986.

El punto acá es que antes quienes llegaban a Cuba eran los rebeldes de la extrema izquierda que querían esparcir la revolución socialista por todos los continentes ―deseosos de entrenarse como guerrilleros y derrocar a gobiernos democráticos―; y hoy llegan empresarios y líderes políticos de la gran gama de la derecha. Estos últimos, pensando en abrir negocios o firmar acuerdos comerciales.

Y no es para menos. Cuba es un mercado virgen. Hay poco. Hay muchas necesidades y no hay competencia. Por tanto, cualquier negocio, simplemente irrumpe contundentemente.

En los últimos años, el monto de la inversión extranjera en Cuba es mayor a toda la invertida en Centroamérica.
Es probable que lo mismo suceda cuando se abra así Corea del Norte. El mercado todo lo invade. Y para algunos es una idea inmoral. Pero si tiene defectos, también trae beneficios; y está comprobado que el ser humano no puede vivir en escasez. Y el hombre usa mejor sus libertades cuando puede optar, escoger, seleccionar entre varias opciones.

El hombre ideal de Adam Smith es egoísta y ambiciona tener más a través del dinero y las posesiones; pero se parece más al hombre terrenal. El hombre ideal de Carlos Marx (aunque simula ser copia del hombre bíblico), es también egoísta y ambiciona el poder para someter a los demás. Y aunque el primero no es sensible, el segundo no es tolerante.

Cuando vemos la lista de los mayores socios comerciales de Cuba, están la Venezuela cirenea y también economías desarrolladas: España. Francia, Canadá, Italia, etc. Desde luego Estados Unidos no quiere perderse este convite de inversiones. Y ya están inaugurando vuelos comerciales desde cinco ciudades norteamericanas hacia La Habana. Y un ferri desde Miami.

Antes: Cuba, paraíso socialista. Pronto: ¡Cuba, paraíso de los negocios!

¿Por qué ahora los Castro se abrieron a lo que hace 50 años llamaban el “mercado explotador e inhumano”?

Juan Pablo II dijo que “Cuba debía abrirse al mundo y el mundo abrirse a Cuba”. ¿Profeta o consejero?

Los hermanos Castro van de regreso (con el ciclo de la vida). Primero fueron impetuosos, irrespetuosos e intrépidos; ahora son condescendientes, prudentes, después de muchas reflexiones ―y errores, daños, despojos a los contrarios― y cautelosos por el aislamiento. ¿El impulso del otoño o el fracaso ideológico? Fueron los jesuitas quienes los educaron; y ha sido un jesuita quien los rescata (también octogenario, ¡pero a quien le prodigan respeto y admiración!) de sus vidas gastadas en arrebatos, insensatez y arrogancia.

¿Si Josep Stalin hubiera llegado a los 80, habría sido rescatable gracias a un buen pastoreo cristiano-ortodoxo?

¿Dónde irán los constructores de revoluciones dictatoriales? ¿Los recibirán en Pyongyang con el mismo carisma de un Fidel que hoy vive entre sillas de mimbre nicaragüense, pinturas exquisitas, objetos de arte, y lámparas preciosas, aunque un día jurara acabar con toda “la lacra burguesa y capitalista”?

Si hay algo que Fidel y Raúl hicieron muy bien, al igual que los romanos --que para inmortalizarse convirtieron a sus emperadores en dioses--, era vender la idea de la divinidad, el culto a la personalidad y la infalibilidad política.

Pero en este triste caso, el ron y los habanos solo embriagaron por un tiempo. Es la hora de la resaca. Retornaron al punto  inicial, después de medio siglo. Se había perdido el sentido de la moral, la verdad, y la bondad misma que fue disfrazada con estadísticas de menor justicia social.

¿Cómo terminará este capítulo de la historia...? Retumba en mis oídos el poema Ozymandias, del bardo inglés Percy Bysshe. Shelly.