Esteban Solís R.
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En enero del próximo año la República de China (Taiwán) elegirá  un nuevo presidente y renovará los 113 escaños del Yuan Legislativo (Parlamento), en medio de una expectativa nunca antes vista  desde que hace  dos décadas fue elegido democráticamente el primer presidente de la isla. Según la prensa, el Partido Koumintang  (KMT) que retomó el poder de la mano de uno de sus líderes más carismáticos, Ma Jing-yeou, en 2008, está segundo en las encuestas en cuya cima se ubica la candidata presidencial del Partido Demócrata Progresista (PDP) de tendencia independentista, Tsai Ing-wen, que ya disputó la primera magistratura en 2012 perdiendo ante Ma por 6 puntos.

La crispación está apuntalada por comentarios dentro y fuera de Taiwán que ven en el ascenso del PDP un eventual triunfo electoral,  en el advenimiento de tensiones y ajustes en los lazos entre Taipei y Pekín y echar por tierra los esfuerzos de la actual dirigencia de la isla por acercar y mejorar las relaciones con la China Continental. La líder del PDP ha dicho al respecto que de ganar las elecciones y asumir la Presidencia  no crearía problemas y que su política reflejaría la opinión pública y buscaría lazos estables a largo plazo, basados en mantener el “statu quo”.

Por experiencia, la nomenclatura china, al parecer, no se fía de las expresiones de la dirigente política taiwanesa. En el pasado reciente, durante el gobierno del PDP del presidente Chen Shui-bian, hubo roces diplomáticos en ambos extremos y hasta amenazas de intervención por parte de China que tensaron las relaciones. No es casual que días atrás el presidente de la China Popular, Xi Jinping , haya recibido al líder del Koumintang y potencial candidato de ese partido Eric Chu, que la prensa isleña calificó de “encuentro clave”.

Incluso, Xi ofreció darle a Taiwán prioridad en su proceso de apertura para evitar romper siete años de mejora de relaciones. Los medios destacan que la importancia de esa reunión fue máxima porque se trató de la primera que celebran en seis años los líderes de ambas formaciones, el Partido Comunista de China y el KMT. Es más, el presidente Xi manifestó que acogían con agrado la disposición de Taiwán de formar parte del Banco Asiático de Inversiones e Infraestructuras (BAII).  Siempre bajo un nombre que no evidencie la independencia de la isla, como Taipei Chino, fórmula ya utilizada en otros eventos internacionales. Chu, dijo por su parte, que si se acepta el sistema de “una China, dos interpretaciones”, Taiwán podría participar en instituciones internacionales que impulsen su papel en el exterior.

Hay estrechos en el planeta que tienen importancia económica y estratégica entre ellos el Canal de la Mancha, el de Gibraltar, el Bósforo, de los Dardanelos o el de Bering, pero el de Formosa, que separa a la China Continental de la isla de Taiwán, es especial.  Misiles de China, alrededor de 1,600, apuntan hacia Taiwán y de la isla, de acuerdo a medios de prensa taiwaneses,  un centenar se enfilan hacia la costa sudeste de China Continental capaces de alcanzar bases militares. Como  es sabido, esto obedece a la ya histórica situación de que China considera a Taiwán una provincia rebelde y que si declara su independencia estaría dispuesto a invadirla.

En 2010 el entonces Premier chino, Wen Jiabao aseguró que su gobierno no descartaba la retirada de los misiles que apuntan a Taiwán, dado el actual buen clima de lazos bilaterales que cinco años después, se mantienen. En aquella  fecha Taiwán respondió que las palabras de Wen eran un gesto de buena voluntad, no obstante, el retiro de los cohetes no ponía fin a la amenaza militar de China. El retiro de los proyectiles no ocurrió, por el contrario, Taiwán emplazó los suyos.

El camino para la distensión sigue siendo el diálogo y el fortalecimiento de las relaciones entre ambos en todos los ámbitos como hasta hoy, para alejar los peligros de una guerra que nadie desea.                  
 
estesor59@yahoo.com

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