Gustavo-Adolfo Vargas *
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El Sistema electoral británico, que es de los menos representativos en la Unión Europea, le dio el triunfo al Partido Conservador del primer ministro David Cameron, con una imprevista mayoría absoluta.

Los grandes derrotados de la noche fueron los laboristas y los liberales demócratas. Los primeros, cuasi barridos del mapa político de Escocia, perdieron 26 escaños.

Aún mayor es el derrumbe del Partido Liberal Demócrata, que apenas retuvo ocho de los 57 escaños obtenidos en 2010.

Los resultados han provocado la dimisión de los líderes de los tres partidos perdedores: el laborista Ed Miliband, el liberal demócrata Nick Clegg y Nigel Farage, del Partido por la Independencia del Reino Unido.

Los medios convergen en definir como la mayor sorpresa en unas elecciones desde 1945, la aplastante victoria del Partido Nacional Escocés (SNP) de Nicola Sturgeon. Escocia se convierte en una región prácticamente bajo un solo partido, que conquista todos los 59 escaños escoceses excepto tres, quedando solo uno en manos de los laboristas, antes mayoritarios al norte de la frontera.

El resultado implica que Reino Unido celebrará un referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea antes del final de 2017, como ha prometido el primer ministro Cameron si quiere mantener al país en la Unión Europea, deberá manejar las presiones de los sectores más eurófobos de su partido.

Para definir, a corto plazo, si permanecerán o no dentro de la Unión Europea. Una política exterior europea cuestionable para los intereses británicos. Además, el liderazgo británico se ha visto ensombrecido por la pujanza de Alemania y Francia. En geopolítica, los países grandes tienden a ejercer un liderazgo más duradero.

Solo en ciertos temas internacionales, Londres comparte criterios con Bruselas más que con Washington; aunque con los Estados Unidos converge más en intereses estratégicos.

La rotunda victoria de los conservadores británicos, abre vigorosamente un nuevo frente negociador en el escenario político europeo. Uno de los pilares del programa del partido de David Cameron es la renegociación de la posición de Reino Unido en Europa y la celebración para 2017 de un referéndum sobre la cuestión.

Pero la contundente victoria de Cameron hará difícil ignorar  sus peticiones. Los tories quieren profundizar el mercado único, limitar la libre circulación de personas para evitar el mal llamado turismo del bienestar y un rol más importante de los Parlamentos nacionales para poder bloquear iniciativas.

El nacionalismo escocés ha hecho crujir las estructuras políticas. Las relaciones con Estados Unidos son de bajo perfil. Europa, no es la primera preocupación de Reino Unido, pero una crisis en las relaciones con Bruselas tendría un impacto mayúsculo a ambos lados del Canal.

El Partido Conservador jugó su carta de “defensor de la Patria y de la Nación británica”, enviando buques de guerra a los mares del Atlántico Sur, que el gobierno argentino calificó como una “militarización del Océano Atlántico Sur”, sin embargo Londres continuó con las exploraciones petroleras a las islas Malvinas.

No obstante, desde la década de los treinta la capacidad defensiva del Reino Unido, nunca ha sido tan débil. La percepción general es que la voz británica en los asuntos internacionales tiene menos influencia que en cualquier otro momento desde tal época.

El fenómeno más sorprendente será el ascenso del regionalismo y particularmente el crecimiento del apoyo al proindependentista Partido Nacional Escocés (SNP); probablemente su crecimiento electoral, sea demasiado grande para ser explicado tan solo por un sentimiento secesionista.

El partido parece atraer a muchas personas que votaron en contra de la independencia pero desean una mayor autonomía regional y una presencia más poderosa de Escocia en el Parlamento de Westminster.

La ausencia de una “sensación de bienestar” derivada de la recuperación económica, el resentimiento por la desigualdad económica, la falta de confianza en los líderes políticos y una mayor fe en el localismo son los principales rasgos de la campaña electoral británica.