Adolfo Miranda Sáenz
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“La Iglesia es la comunidad de cristianos que adora al Padre, va en el camino del Hijo y recibe el don del Espíritu Santo. No es un partido político. Se escucha: ¡Debemos fundar un partido político! Ese no es el camino. Un partido solo de católicos no sirve, y no tendría capacidad de convocatoria, porque hará aquello para lo que no ha sido llamado”. Así lo ha dicho textualmente el Papa Francisco.

Es bueno que el Papa nos lo haya recordado, pues a veces esperamos que la Iglesia actúe como un partido político; que haga el papel de oposición política a las cosas que --con razón o sin ella-- no nos gustan de determinados gobiernos, sea el de nuestro país o el de otros países. Sin embargo, el Papa, a renglón seguido, también nos recordó que basada en las enseñanzas de Jesucristo, la Iglesia tiene una Doctrina Social; y se refirió a ella recordándonos que la Iglesia ilumina el camino de los cristianos con la ética  y con criterios de verdad desde el Evangelio; no busca dar  soluciones económicas, técnicas,  políticas o  penales, pues eso corresponde a los gobiernos y a los partidos. Pero los laicos cristianos estamos llamados a participar en política; mas aún, estamos obligados a ello porque tenemos la obligación de buscar el bien común, la justicia y la paz, como luz para el mundo y sal de la Tierra.

Quizá no siempre un cristiano tendrá que ser militante político, pero sí deberá influir, orientar, iluminar la política, sea desde dentro o desde fuera de un gobierno o un partido. Dice el Papa Francisco: “Frente a la cultura de la ilegalidad, de la corrupción y de la confrontación, ustedes están llamados a dedicarse al bien común, también mediante el servicio a personas relacionadas con la política”.

La Iglesia no toma partido a favor o en contra de los gobiernos ni de la oposición a estos. Pero tiene principios éticos que anuncia con decisión, como el respeto a los derechos humanos, sobre todo el respeto a la vida; la opción preferencial por los pobres; la solidaridad mediante la cual los que tienen más deben compartir con los que tienen menos; la justicia, la honestidad, el trato igualitario para todos los ciudadanos, la búsqueda de la paz… Y cuando estos principios se violentan o están en peligro de violentarse, en todo el mundo, la Iglesia levanta su voz profética denunciándolo, pero no condenando a gobiernos ni a partidos. Su misión no es condenar, sino iluminar, indicar el camino. La Iglesia se ocupa de iluminar con la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia el caminar de las personas y las naciones.

No hay que esperar que un partido político coincida en todos sus planteamientos con la Doctrina Social de la Iglesia. Solo que la Iglesia se desnaturalizara y se convirtiera en partido político, existiría un partido ciento por ciento coincidente con toda la doctrina cristiana. Un católico puede optar a favor de un partido con el cual esté de acuerdo en algunos puntos y esté en desacuerdo en otros. Por ejemplo, en EE.UU. el Partido Republicano está en contra del Principio de Solidaridad y niega el Destino Universal de los Bienes, que son parte fundamental de nuestra doctrina cristiana; mientras el Partido Demócrata favorece la legislación que permite a las personas decidir sobre el tema del aborto.

Pero ambos son vistos amigablemente por la Conferencia Episcopal de aquel país, en ambos hay candidatos católicos a cargos públicos y ambos tienen fieles católicos entre sus miembros.

 

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