Marcos Antonio Casanova Fuertes
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El 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad. Momento oportuno para reflexionar sobre el daño causado por la política costarricense a un “conjunto de espacios naturales protegidos de gran valor ambiental, histórico y paisajístico, que conforman una de las más extensas reservas naturales y de vida silvestre de Centroamérica”, hecho que seguro provoca vergüenza ajena al movimiento ambientalista costarricense.

El ciudadano costarricense común es amante de la naturaleza, y el orgullo de serlo lo defiende fervorosamente; en noviembre 2010 lo demostró obligando con protestas ciudadanas pacíficas al Tribunal Contencioso-Administrativo de Costa Rica a anular la concesión otorgada a la empresa “Industria Infinito” para explotar la mina de oro “Las Crucitas” cercana a la frontera con Nicaragua. La protección de la biodiversidad en la parte tica  de la cuenca del Río San Juan y la de toda el área de impacto del proyecto minero fue uno de los argumentos, la minería cielo abierto contaminaría las aguas, afectaría el hábitat del árbol almendro amarillo y la lapa verde, ave en peligro de extinción”.

Funcionarios gubernamentales ticos habían otorgado la “concesión para extraer 700,000 onzas de oro (19.8 toneladas) en 10 años, valoradas en 800 millones de dólares”. Tiempo después, el gobierno tico ocultó a la opinión pública la construcción de una carretera de 160 km. de largo al margen Sur del Río San Juan, y es hasta que las protestas de ambientalistas se hicieron escuchar cuando aparece la expresidenta Chichilla denominando la carretera como la ruta 1856-Juan Rafael Mora Porras basándose en un ridículo estado de emergencia.

Los políticos costarricenses sabían que de haber realizado el procedimiento público y correcto para diseñar, licitar e iniciar la construcción de la carretera, el movimiento ambientalista, la legislación ambiental y el sistema judicial costarricense hubiesen sido obstáculos para construir la obra casi en el caudal del río, considerando: la longitud del proyecto, son humedales de fragilidad y sensibilidad ecológica, hubo despale en la parte ripícola, es un ecosistema binacional de corredores biológicos. La obra implicaba  exigencia de consultas y consentimiento previo de Nicaragua y  realizar delicados estudios ingenieriles y  jurídicos exigidos en estos casos, los que fueron omitidos deliberadamente.

La construcción de la carretera, entre otros daños provocó; “sedimentación en los cuerpos de agua”, “daños directos sobre la zona del corredor binacional por 44 especies en su movilidad terrestre y acuática, 600 por impacto en su hábitat y 150 en su condición de irreemplazables”. Pero las consecuencias negativas de un daño ambiental de esta naturaleza por mucho que se evidencie en el presente, será en el futuro que se manifestarán. Tocará a futuras generaciones sufrir las consecuencias del ecocidio consumado, corresponderá a la historia juzgar daños físicos y morales en ambos lados de la frontera causado por esa élite inescrupulosa de la política tica, cuyas incorrectas actitudes nada tienen que ver con los más altos principios y valores ambientalistas que compartimos ambos pueblos hermanos.

 

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