Augusto Zamora R.*
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Presentan cines nacionales un filme sobre una historia real, que hinca su raíz en la Nicaragua sandinista. Trata sobre el entramado montado por la CIA para recaudar fondos para la contra introduciendo droga en EE.UU.

En 1985, el Congreso estadounidense cortó los fondos oficiales para financiar la guerra contra la revolución sandinista. Sin fondos, la contrarrevolución desaparecía.
El gobierno de EE.UU. decidió obtener recursos ilícitamente. Una vía fue vender armas a Irán (prohibido expresamente por ley). La otra, creando una red clandestina para introducir y distribuir crack en EE.UU.

Aviones de la CIA recogían la droga en Costa Rica y Honduras y la acarreaban a EE.UU. En EE.UU. cargaban armas y municiones, que llevaban a bases de la contra.
El destino final de la droga eran barrios marginales de Los Ángeles, habitados mayoritariamente por negros. La CIA actuaba desde criterios racistas y clasistas.
Todo habría permanecido en secreto de no ser porque el periodista Gary Webb dio con un cabo y destapó los crímenes. De lo que pasó trata la película “Maten al mensajero”.

Vale la pena verla. No solo porque interesa para conocer los mecanismos siniestros de la CIA. También porque forma parte relevante de la historia de nuestro país.
Webb apareció muerto con dos tiros en la cabeza. La policía cerró el caso calificándolo de suicidio. Lo que no explicó es cómo, una persona, podía dispararse dos veces en la cabeza. Historias maravillosas
de la CIA.

az.sinveniracuento@gmail.com