Orlando López-Selva
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Es evidente que en los últimos combates entre el Estado Islámico (EI) y las fuerzas iraquíes —apoyadas por los Estados Unidos, Gran Bretaña y un par de países árabes—, estos últimos están perdiendo terreno.

La semana pasada cayeron dos ciudades iraquíes en manos de los terroristas: Ramadi y Palmira. Esta última, una joya que conserva ruinas de civilizaciones antiguas, es un tesoro y patrimonio de la humanidad, de acuerdo con la Unesco.

Y aquí caben varias preguntas: ¿Quiénes y cuántos se han equivocado en la estrategia militar para derrotar al (EI)? ¿Qué tan confiados en Washington seguirían otros Estados (como los de la OTAN) si el (EI) se apoderare de más países —aunque ya está luchando fuertemente en Siria e Iraq a la vez— que a pesar de sus actos barbáricos ganan batallas? ¿Esta lucha en Iraq y Siria favorecería una alianza entre extremistas que sostengan al régimen de Bashar al-Asad y le den una alternativa de solución a un conflicto que ya es desgastante con un cuarto de millón de muertos y más de medio millón de refugiados en países vecinos?

¿Quién puede responder?

Si los combatientes del (EI) logran capturar Bagdad o un pedazo mayor del territorio iraquí, tres cosas van a cambiar: 1) la estrategia de seguridad global y las acciones militares subsecuentes provenientes de Washington, Bruselas y Moscú; 2) la política exterior y el liderazgo de Barack Obama se vendrán a pique. (Consecuencia: Hillary Clinton se las verá prietas para llegar a la Casa Blanca, pues los  estadounidenses alentarán un giro más derechista en su política exterior; 3) más grupos pro-(EI) surgirán desafiando no solo a los países occidentales sino atacando objetivos en los países árabes más pro-occidentales: Arabia Saudí, Jordania, Kuwait.  

Si ese escenario se asienta, ciertamente habrá mayor incertidumbre global. ¿Y los precios del petróleo podrían volver a tomar un curso ascendente?
Rodarán cabezas en el Pentágono y la acritud y hostilidad contra el presidente Obama tendrá mayor resonancia. Francia, Gran Bretaña y Alemania deberán buscar estrategias eficaces contra los terroristas, que ya no solo amenazan sino que avanzan geográficamente.

Ante tal situación aflictiva, el exsecretario de Defensa, Robert Gates, ha afirmado: “No tenemos una estrategia, del todo. Estamos actuando en esto día a día”.
Con estos resultados, las potencias muestran vulnerabilidad. ¿O ahora los grupos terroristas pueden adquirir, en el libre mercado, armas y tecnología suficientes para enfrentar a cualquier potencia?

Esto dice mucho de lo que está pasando por las mentes de los líderes del Pentágono y del Departamento de Estado. ¿No están comprendiendo bien la situación porque toda guerra solo la pueden ver desde la perspectiva militar, soslayando otros factores? ¿Tampoco saben cómo implantar estrategias frente a un enemigo sin temor a morir?

¿La inteligencia norteamericana depende de recursos confiables o de informantes provenientes de la región misma de los combates?
Hace poco, el secretario de Defensa y el secretario de Estado estadounidenses abrumaron a los periodistas con promesas de inminentes triunfos militares.
¿Y… qué falló?

Cuando leemos los propósitos del Pentágono para enfrentar al (EI) en Siria, queda claro un objetivo: “Entrenar y equipar a milicianos que luchen contra el EI”.
Desde luego, ahora tanto el equipamiento como la preparación de esos milicianos deja en mal a los generales de Washington.
Este conflicto en Siria ya había llegado, desde hace mucho, a un punto de saturación. Pero mientras el conflicto continúe, Bashar al-Asad se fortalecerá, aunque la nación siria se despedace.

Lo inmoral de todo esto es que nadie aboga por los civiles que huyen, los heridos y lesionados sin amparo, o los huérfanos y refugiados que languidecen hacinados en países vecinos. Además, que en un momento determinado, se pensó que se podía hacer alianzas con Al-Asad para luchar contra enemigos más poderosos y amenazantes.

(La premisa política era: unirse al enemigo menor para destruir al mayor). ¡Realismo político!

La existencia de la humanidad se estremece cada vez que hay una amenaza al orden internacional. Hace falta tolerancia y respeto. Son asignaturas tan importantes como la tecnología, las matemáticas.

Y si es cierto que los propósitos del (EI) son inmorales y perversos, entonces ¿por qué ganan y vencen cuando esas pequeñas victorias son golpes estremecedores de la conciencia de la humanidad?

En un principio creía que la humanidad estaba replicando el mito griego donde héroes, semidioses y dioses luchaban entre sí. Pero hoy me doy cuenta que las batallas del mal contemporáneo son luchas entre hijos del mismo dios.