Félix Navarrete
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¿Honra a su madre? La respuesta es evidente: Claro que sí. Cómo se le ocurre preguntarme eso. Usted no sabe cómo vivo rezando por ella para que Dios me la cuide, dicen todos, aunque solo las usen.

Incluso, muchos las elogian hipócritamente y hasta utilizan diminutivos para referirse a ellas como mamita, viejita, mamacita, gordita, bonita, pero sabemos que en el fondo todo es pura palabrería, frasecitas hechas que se dicen del diente al labio y sin ninguna convicción que las respalden. Todos sabemos que las madres son las mujeres más sufridas e incomprendidas del mundo. 

Sin embargo, la tradición se cumple y todos los 30 de mayo, Día de la Madre nicaragüense hay una especie de tregua en nuestros hogares. Hay una paz relativa. Algunos hijos les llevan de regalos cocinas, cazuelas, licuadoras, planchas y algún otro artículo doméstico para que sigan trabajando de esclavas en la casa. Los menos pudientes les regalan chocolates, queques, alguna blusita o le dan un dinerito que luego se lo piden de préstamo cuando están en apuros económicos. Y hay otros que solo les dan un beso y un fuerte abrazo como si ellas vivieran del aire y no les faltara nada.

Después de ese día, casi nadie se acuerda de las necesidades de ellas. Pese a que arriesgaron su vida cargándonos en el vientre durante nueve meses, no importándoles si morían en el parto, algunos les devuelven una actitud fría y hasta las sacan de sus vidas. 

Conozco casos de hijos e hijas que ya adultos, casados y profesionales, no terminan de querer a sus madres y les guardan vanos resentimientos. ¡Qué corazones tan mezquinos tienen! ¿Qué prueba de amor más grande puede dar una madre que entregar su vida por cada uno de sus hijos en cada parto? Cada parto es un acto de ternura indescriptible, solo comparado con el amor de Dios. Este acto de dar vida, en medio del sufrimiento físico, trasciende toda mezquindad humana, y es motivo suficiente para amarla, honrarla y respetarla.

Hay muchos hijos que ignoran las proezas que hicieron sus madres para no que les faltara nada. No saben de los sacrificios y humillaciones que ellas pasaron para mantenerlos con dignidad. Algunos creen que estas mujeres, de carne y hueso, con virtudes y defectos, nacieron con un manual bajo el brazo para no cometer errores. 

La madre es un ser sagrado y no admite objeciones. Están en el mundo para darnos amor, afecto y dignidad. Nos transmiten valores y nos bendicen. Nos quieren desde antes de nuestra concepción. Sueñan con cada uno de nosotros desde que somos una semilla. Nos alimentan en su vientre y nos acarician con la oración. Al darnos la vida nos han dado su amor, el tesoro más grande que tenían. Nada más podemos pedirles. El que pretenda cuestionarlas es un hijo malagradecido y cruel.

Por eso honrémoslas con hechos todos los días de la vida. No les llevemos regalos vacíos que el tiempo destruye ni las visitemos protocolariamente. Amémoslas todos los días, apapachémoslas, digámosles que las queremos y que son las personas más importantes de nuestras vidas. No esperemos hasta que se mueran para buscarlas y llorar con lágrimas de cocodrilo sobre su tumba.

¿Cuántas madres viven solas, arrimadas a familiares o amigos porque sus hijos las olvidaron? ¿Cuántas ya en la tercera edad, pululan indigentes en las calles pidiendo comida y un lugar para dormir pudiendo vivir dignamente, llena del amor de sus hijos?¿Dónde están esos ingratos que se olvidaron de esas mujeres que los trajeron al mundo? 

Por favor, no las dejemos solas. Estemos pendientes de su salud, de sus necesidades, de sus horas altas y bajas, procurémosles lo necesario para vivir. Devolvámosles un poco de todo lo que nos han dado. Gracias a ellas y a su infinito amor estamos aquí. 
 
Email: felixnavarrete_23@yahoo.com