Augusto Zamora R.
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Fue iniciada hace más de 2,000 años, para llevar la seda desde Xi’an, en China, hasta la remota Europa, Persia, Rusia e India. Más de 5,000 kilómetros transportando una tela --y pedrería, jade, ámbar, laca…--, cuya fabricación era secreto de Estado.

En 2014 la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad. En 2013, el presidente de China, Xi Jinping, propuso restablecer la antigua ruta, aunque adaptada a los tiempos.

El proyecto, al que se ha sumado Rusia, es construir una inmensa red de vías férreas y autopistas, que una el oeste de China con Asia Central, Rusia, África y Europa.

Pasaría, inicialmente, por Kazajistán y Rusia, hasta llegar a Bulgaria. Un tren de alta velocidad comunicaría Europa y China, a través de esos países.

Más tarde, la ruta se abriría hacia Irán, Siria y Líbano, para conectar con África y el mar Mediterráneo. El costo superaría los 250,000 millones de dólares.

Poco o nada se habla en estos contornos de la inmensa proyección asiática de China y de su cada vez mayor alianza con Rusia. Pero allí se está aposentando el corazón del mundo.

La nueva Ruta de la Seda abriría a la economía mundial territorios hasta hoy aislados, pero ricos en recursos, historia, valor estratégico. 

El planeta cambia aceleradamente, retornando el centro mundial al sitio donde estuvo 1,500 años, es decir, a China. 

China está modificando nuestro mundo, sin guerras, invasiones, violencia… La mejor forma de hacerlo.

az.sinveniracuento@gmail.com