Jorge Eduardo Arellano
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Un hecho insólito aconteció hace unas semanas en Nicaragua: la participación en un seminario sobre y contra el colonialismo de una dama británica ––Phil Rendell––, quien llegó a justificar el enclave colonialista  de Reino Unido en Latinoamérica: las islas Malvinas. Organizado por las Naciones Unidas, el seminario ––a nivel caribeño–– tuvo de objetivo “la erradicación del colonialismo”; pero la intervención de  Randell apuntó hacia la perpetuación del mismo.

Tal es lo que se deduce al leer sus declaraciones en la entrevista que le hizo Cristian Tórrez en El Nuevo Diario del lunes 25 de mayo, publicada precisamente el día nacional de la República Argentina. Esta coincidencia, o tal vez alevosa decisión, afectó a los miembros del grupo de solidaridad con la patria de San Martín y Sarmiento en la cuestión Malvinas, al que pertenezco desde su fundación en 2012 por el entonces embajador argentino Jorge Pereira y que ha reactivado el actual Marcelo Felipe  Valle Fonrouge. Por eso debo exponer nuestro punto de vista.

En virtud del útil possidetis iuris heredado de la corona española, a la república argentina le correspondió la soberanía en las Malvinas, tomando posesión de ellas en 1820. Pero el imperio británico las usurpó el 3 de enero de 1933. Inmediatamente la protesta argentina por esa intrusión expansionista no se hizo esperar. Desde entonces data la disputa de soberanía del país sudamericano sobre ese archipiélago de extensión casi igual al lago Xolotlán y situado en su plataforma continental. Disputa que, a partir de 1989, se reactivó con el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas y con el apoyo de organizaciones regionales y foros multilaterales. Se trata, pues, de un legítimo reclamo que el pueblo argentino comparte y concibe “como objetivo permanente e irrenunciable”. Y que se ha transformado ya en causa latinoamericana la cual sustenta que la disputa debe ser resuelta de manera pacífica y negociada. 

En esa línea, nuestro grupo consideró el referéndum realizado el 10 y 11 de mayo de 2013 en las Malvinas, protagonizado por 1,162 electores, en su inmensa mayoría trasplantados por la potencia colonial que carecen del derecho de libre autodeterminación, ya que no se diferencian del pueblo de la metrópoli. Por cierto, la iniciativa del referéndum no fue aprobada por las Naciones Unidas y ningún país del mundo envió representación oficial con observadores, pese a los ingentes esfuerzos de la diplomacia británica. 

El caso de las Malvinas, en realidad, es de naturaleza “especial y particular” de descolonización, pues el 40 por ciento de los malvinenses reside ahí desde hace menos de 10 años dedicado a la ganadería ovina y a la producción de lana en muy pequeña escala. Es decir, su población no consiste en un pueblo pre-existente y víctima histórica de una dominación colonial. Se trata de colonos impuestos por la población ocupante, a modo de presencia social simbólica de la fuerza militar que domina, disponiendo de armas nucleares, el Atlántico sur.

Esta fue la premisa fundamental de nuestro grupo solidario con la República Argentina en el encuentro que tuvo lugar en La Habana el 12 y 13 de septiembre de 2013. Ahí se enfatizó que la cuestión de las Malvinas es una causa regional de la integración territorial de nuestra América y mundial. Ciento treinta países la apoya. En el mismo evento se sostuvo que la maniobra política-mediática del referéndum de marzo de 2013 no alteraba la esencia de la cuestión de las Malvinas, que incluye las islas Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes; y que su previsible resultado tampoco puso fin a la disputa de soberanía ni a los incuestionables derechos argentinos. 

En la declaración final, los delegados manifestamos nuestra preocupación por la población y explotación de los recursos naturales y renovables y no renovables de la plataforma continental argentina desarrollada por el Reino Unido, en contravención por lo dispuesto por la resolución 31/49 de la Asamblea General de la ONU. Al mismo tiempo, nos comprometimos a proyectar nuestra labor en el ámbito académico con el fin de promover el interés de la juventud sobre el tema, especialmente la anómala y anacrónica obstinación colonialista de la antiguamente llamada por los españoles ¡pérfida Albión!