Adelmo Sandino / Economista
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La noticia oficial de que Nicaragua paulatinamente dejará de ser parte del club de países que reciben donaciones y préstamos en condiciones favorables, ha revivido el debate sobre las perspectivas financieras del país: ¿Podremos acceder a los mercados internacionales de crédito para sostener la monumental demanda de bienes y servicios públicos de calidad que requieren de la intervención estratégica del Estado?

En abril pasado la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano público su “Informe de Riesgo País”, correspondiente al primer trimestre de 2015. Nueve ediciones después de este informe, nada había cambiado en la calificación de riesgo crediticio para Nicaragua, a pesar que el país ha mejorado en sus indicadores macroeconómicos.

Ahora, tras el anuncio del Banco Mundial, poniendo gradualmente fin al otorgamiento de préstamos altamente concesionales, proceso de transición que seguramente anunciarán otros organismos internacionales cooperantes, es de esperar que este hecho impulse nuevamente al Gobierno a solicitarle a Moddy’s Investor Service  --única agencia que hasta el momento califica la deuda soberana de Nicaragua-- modifique favorablemente su puntuación, la que califica de “altamente especulativa”, y bajo la que también se ubican países como Honduras.  

Pero lo cierto es que siguen prevaleciendo en el horizonte riesgos para la economía nicaragüense, asociados principalmente a la dependencia económica con Venezuela y al manejo opaco de los recursos que provienen de los acuerdos de cooperación pactados con este país, el cual atraviesa por serias dificultades económicas, sociales y políticas.

En un intento anterior por convencer a Moddy’s, representantes del Gobierno y del sector privado, argumentaron como avances la salida de Nicaragua de la lista gris del GAFI y la corrección significativa, y a la baja, que hiciera semanas atrás el FMI al déficit en cuenta corriente.

Estos progresos debieron ser de suficiente peso como para influir decisivamente en cambios positivos en la calificación crediticia del país. Pero no sucedió. Moddy´s siguió percibiendo que los riesgos tienen más peso que los recientes avances macroeconómicos.

No obstante, hoy más que nunca las autoridades económicas del país deberían de considerar con mayor determinación, avanzar en materia de transparencia presupuestaria. Estudios internacionales, como el de Farhan Hameed, titulado: “Budget Transparency and Financial Markets”, publicado en 2011 por el International Budget Partnership, demuestran que los altos niveles de transparencia presupuestaria pueden contribuir a que los países en desarrollo logren mejores calificaciones crediticias.

En nuestro caso particular, Nicaragua ha tenido modestos avances en la gestión transparente de los recursos públicos. Todavía hay retos importantes por superar. Pero es materialmente posible encaminar las decisiones del sector público, en función de mejorar la disponibilidad y calidad de la información presupuestaria, el compromiso activo del poder legislativo en el proceso presupuestario, y la autonomía necesaria, acompañada de suficientes recursos, de la Contraloría General de la República, para que esta ejerza una destacada función de fiscalización.

En conclusión, alcanzar mejores estándares de transparencia presupuestaria puede contribuir para que Nicaragua acceda en el mediano plazo a créditos más barato en el mercado internacional de deuda, en la medida que los inversionistas financieros perciban que es menos riesgoso otorgarle crédito al país porque el Gobierno administra de manera eficiente y transparente el presupuesto nacional.