Francisco Bautista Lara
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Es innegable, más allá de prejuicios políticos y personales, incluso de las quejas por incomprensión, error o abuso particular e institucional que algunos señalan --reconociendo en la Policía buena calificación profesional y buen nivel de confianza--, que la tasa de homicidios en Nicaragua se ha reducido; es el principal indicador objetivo --aunque insuficiente-- para medir los hechos delictivos, uno de los componentes de la seguridad ciudadana. Hay, en términos relativos y absolutos, afortunadamente menos muertes por delito. Los homicidios tuvieron su nivel más bajo en 2000-2001, menos de 10 por cien mil habitantes; después subieron durante nueve años consecutivos hasta 2010, cuando alcanzó 14 por cien mil habitantes, desde 2011 comenzaron a bajar, en 2014 cerraron con casi 8.

Otros tres componentes de la seguridad ciudadana son: respuesta institucional, percepción y confianza institucional e interpersonal. Seguridad ciudadana es el “estado de tranquilidad que permite al individuo y a la comunidad desarrollarse y desempeñarse plenamente, sin ser afectado por la acción delictiva”; según la seguridad democrática es “inseparable de su dimensión humana”, el ciudadano, “sujeto activo, con derechos y obligaciones, coadyuva en su seguridad”, no es pasivo frente al Estado, tiene capacidad de participar.

“No estamos en un lecho de rosas”, pero tenemos un ambiente de seguridad ciudadana favorable. La razón principal quizás es sociocultural, se vincula al desarrollo histórico-social, hay capacidad de interacción comunitaria, la sociedad tiene algunas características positivas en sus relaciones y tradiciones que facilitan la prevención, la solución del conflicto y contribuyen a la convivencia, las personas en general suelen ser solidarias y hospitalarias, no indiferentes al problema ajeno, al contrario, a veces se entrometen en exceso, somos curiosos y con facilidad entablamos conversación, amistad y cooperación. Esa potencialidad social requiere ser gestionada por el Estado, en primer lugar incidiendo en las condiciones socio-económicas para atender a los sectores vulnerables. Según cifras oficiales y no oficiales, el país registra reducción de pobreza, hay estabilidad macroeconómica, que aunque frágil, permite el crecimiento económico --aún insuficiente-- que ojalá lleve a la distribución equitativa de la riqueza. Además, el Estado, desde sus instituciones facilita la participación y organización social, desde la comunidad, para la prevención y la convivencia, no son solo soluciones policíacas, penales y coercitivas, ellas suelen recriminar y excluir a los más pobres, a los jóvenes y cultivan la intolerancia. La Policía y el sistema penal tienen responsabilidades concretas ante el delito y la inseguridad, deben dar respuestas efectivas; el abordaje de causalidad es necesariamente integral, social y cultural.

A la gente le preocupan los conflictos cotidianos, el riesgo de ser víctima de robo en el mercado, el bus, el taxi, las paradas, los semáforos, algunos temen dejar su casa sola y que se les lleven sus cosas, por eso, los que pueden, instalan verjas, muros y serpentinas, crean “su cárcel particular”. Algunos temen caminar en la calle de noche, por la oscuridad, los predios baldíos, sucios y montosos. Hay preocupación por el desorden vial, la proliferación de motos, la falta de señalización, el irrespeto de los conductores, el riesgo peatonal, la no regulación e irresponsabilidad. Cumplir las normas, asegurar orden y limpieza, proporcionar iluminación y que los lugares no estén abandonados, proporcionan seguridad a las personas. Espacios comunitarios facilitan la convivencia y la paz social.

Es fundamental para la confianza y credibilidad hacia las instituciones, particularmente la Policía: el buen trato, suministrar información oportuna y clara. Las personas requieren ser atendidas con cortesía, en consideración a su condición de víctimas, sospechosos o familiares, de ciudadanos que buscan un servicio o información, en una oficina, puesto policial o en la calle; trato amable y respuesta efectiva proporcionan tranquilidad y alimentan la percepción de seguridad. Este es el reto principal.

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