Jorge Eduardo Arellano
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Lo ocurrido al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, en una zona ultraprotegida de Bagdad el domingo 14 de diciembre es un hecho al que debemos darle diferentes lecturas que van más allá del par de zapatos lanzados a la cabeza del gobernante por el periodista Muntadar al-Zeidi, de la televisión iraquí Al-Baghdadia. Independientemente si es o no un hecho que se riñe con la moral y la ética de un profesional de la calidad del hoy considerado en los países árabes como héroe de la resistencia iraquí, o de ser cierta la versión del supuesto arrepentimiento del periodista, el incidente debe ser interpretado no como un hecho aislado, sino como una voz del sentimiento del mundo árabe y de los iraquíes en particular en contra de la guerra y la ocupación de Irak.

La conferencia de despedida de Bush fue la oportunidad que el periodista esperaba para expresar su rechazo al gobernante norteamericano, pero también para demostrar que el pueblo iraquí no olvida las más de 1.5 millones de muertes ocurridas desde la invasión en marzo de 2003, cuyas secuelas de destrucción y sufrimiento aún son palpables en ese país árabe en donde han quedado miles de víctimas, entre las cuales el mismo al-Zeidi lo menciona en el acto: “¡Éste es su beso de despedida, perro! Esto es de parte de las viudas, huérfanos y aquellos que fueron muertos en Irak”.

Otra lectura muy importante que podemos darle a este incidente es que el pueblo iraquí, representado en la acción por al-Zeidi, está demostrando su odio visceral en contra del gobernante gringo y su oposición ferviente a las políticas intervencionista de Estados Unidos, al que en el trayecto de la guerra le han asestado duros golpes militares cuyos resultados suman ya unos 4,209 miembros de las Fuerzas Armadas estadounidenses muertos, sin contar los heridos de extrema gravedad que fallecen posteriormente y que no son cuantificados, agregados a otros que mueren sin ser reportados a sus familiares, pues entre los muertos sólo cuentan los que oficialmente reporta el Departamento de Estado a sus respectivas familias.

El apoyo a al-Zeidi en el mundo árabe ha sido espectacular y masivo, manifestantes copando las calles de las ciudades más importantes de Irak para protestar en contra de su detención, otros que lanzan piedras y sus zapatos contra las fuerzas de la coalición, barras de abogados de diferentes países de la región dispuestos a dar sus servicios de manera gratuita para lograr su libertad, personalidades que se ofrecen a ayudar aportando recursos y dando su apoyo a una acción considerada heroica y valiente.

Más de 100 mil mercenarios de la “empresa de contratistas” Blackwater, al servicio del gobierno de EU, en coordinación con las tropas invasoras, se ocupan ahora en gran parte del trabajo sucio de aniquilar a la población, que ha soportado la pérdida de más de un millón de vidas de ciudadanos iraquíes y miles de mutilados y lisiados durante la descabellada y fracasada aventura militar de la Casa Blanca, que ha invertido unos 576,000 millones de dólares en el mantenimiento de esta dolorosa guerra que es enormemente impopular en Estados Unidos y en el resto del mundo. La acción del periodista revela la hostilidad que mantienen los iraquíes contra los estadounidenses cinco años después de acabar con el régimen de Saddam.

Si tirarle los zapatos a alguien en el Medio Oriente es un gesto de desprecio, en los países árabes el presidente Bush merece más que eso, las vidas de miles de seres humanos no se pagan con un par de zapatazos silbando sobre la cabeza de alguien que lleno de cinismo llega a decir: “Brilla la esperanza en los ojos de la juventud iraquí. Esto es el futuro por el que combatimos”. El futuro sembrado por EU en un país ocupado como Irak es hoy un futuro de persecución y muerte, un futuro en que los iraquíes han perdido más que una gran cantidad de vidas, la verdadera libertad que no llegó con las tropas extranjeras ni llegará mientras permanezcan en el país más de 150,000 soldados estadounidenses abultando aún más el costo de esa guerra.

Los gestos de miles de iraquíes blandiendo sus zapatos en contra de las tropas de ocupación demuestran que millones están dispuestos a tirarle sus zapatos no sólo a ellos, sino también al propio gobernante que con su soberbia y el disfraz de una lucha en contra del terrorismo se ha ganado el desprecio no sólo en los países en donde ha causado tantas muertes, sino también en su propio país, que le ha dado la espalda en las recién pasadas elecciones, optando por un Barack Obama que está llenando de esperanzas al mundo y que ha prometido terminar con esta guerra que está desgastando a una economía que hasta hace poco parecía invulnerable. Ésta es otra lectura a los zapatazos.


Nueva Guinea, RAAS.

edbadu62@yahoo.es