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Cada cierto tiempo, cuando se encuentra contra la pared, presionado por los ciudadanos que le piden cuentas de su mal gobierno, el gobernante de turno recurre al cuento del canal para distraer la atención de sus gobernados. De uno u otro modo, de pronto se habla de un “proyecto de canal” por Nicaragua, apoyado ahora por tal o cual potencia y por “inversionistas internacionales”, que dicho sea de paso nunca dan la cara. El truco funciona casi siempre, pues casi siempre la prensa nacional recoge la “noticia” y empieza un nuevo debate sobre el tema. El gobierno de turno manda a sus paniaguados a publicar artículos de opinión y dar extensas entrevistas que ocupan páginas enteras de los diarios. Los interesados en el tema del canal que están en desacuerdo con la visión del gobierno, escriben a su vez sus argumentos y el debate continúa así por un tiempo, distrayendo la atención de los problemas más agudos del país, hasta que un día el asunto se olvida y desaparece del mismo modo en que llegó, para volver a aparecer, años o meses más tarde, a cumplir otra vez su papel de distracción.

Ahora es el turno de Ortega, quien, acorralado por sus propias torpezas, habiendo cometido el peor fraude electoral del que se tenga historia, saca de nuevo el as de debajo de la manga, el tema del canal, tratando de conducir la atención de la gente hacia otra parte que no sea la exigencia de reparar el error.

El tema del canal aparecía a veces en el gobierno de los Somoza, y desde que aquellos se fueron, volvió a aparecer en cada uno de los gobiernos que desde entonces hemos tenido. La única diferencia que percibo es que el tema nunca antes había sido tan mal presentado y tan mal defendido como esta vez. Tal parece que Ortega también en este tema carece de gente capaz, y los funcionarios que ha mandado a defender el inexistente proyecto, son un señor que le es tan fiel que ha aceptado ser su embajador en Irán, y un ex-miembro de la Dirección General de la Seguridad del Estado en el gobierno sandinista de los años 80. Ambos funcionarios se han mostrado muy poco preparados para la tarea encomendada, el primero quizá porque parece haber recibido de pronto la orden de hacer este trabajito, y el segundo porque su especialidad ha de ser sacarle confesiones a prisioneros, pero en esto del canal no tiene la más mínima idea. Ambos hablan sin ninguna seriedad, sin presentar argumentos convincentes, sin apoyarse como deberían en documentos serios sobre el tema. Se les ha encargado salir a hablar sobre el tema del modo que sea, del mismo modo bayunco con el que su jefe aborda las cosas.

Hace más de ocho años, en un extenso documento que entonces escribiera, decía yo, entre otras cosas, lo siguiente:
“Es realmente muy difícil imaginar un escenario en el que la existencia de un canal por Colombia o Nicaragua se convierta en una necesidad ineludible de tal modo que su construcción deba ser emprendida. Si se requiere que el canal a construir sea una empresa justificable desde el punto de vista económico, el escenario se complica aún más. Para construir un escenario así sería necesario entrar en los terrenos de la ciencia-ficción o del realismo mágico, pues ello implica la no-existencia del canal de Panamá. Dicho de otro modo: independiente de toda otra consideración, la sola existencia del canal de Panamá convierte en ridícula cualquier idea de construcción de un nuevo canal en el presente o en un futuro cercano”.

Esa y otras afirmaciones que entonces hiciera y que siguen siendo tan válidas como entonces, fueron el fruto de una minuciosa investigación sobre las posibilidades para vías alternas al Canal de Panamá, realizada a lo largo de varios meses en los que entre otras cosas examiné artículos periodísticos y de opinión de medios nacionales e internacionales, publicaciones especialmente dedicadas al transporte internacional, documentos oficiales de diferentes gobiernos, informes de inteligencia, documentos de compañías navieras y numerosos volúmenes relevantes al tema. En aquel momento, en una frase a la que hoy no cambiaría ni una coma, decía yo lo siguiente:
“En meses de búsqueda no he encontrado una sola pista que me lleve a pensar que alguien serio esté considerando la idea de la construcción de un ferrocarril o de un canal por Nicaragua para funcionar como una alternativa al Canal de Panamá. Nadie en la industria de la transportación está considerando esa idea, ninguna naviera, ningún grupo económico de los que usualmente invierten en este negocio: nadie. En la única referencia que encontré en una publicación seria del negocio del transporte, la idea es presentada y rechazada por ridícula. Seamos claros: si en el negocio de la transportación no se habla de una idea es porque la idea no merece ser considerada. Si la idea fuese buena ya se estuviese hablando de ella”.

La situación sigue siendo hoy la misma de entonces. Por mucho que nos duela, no hay cabida para otro canal en la región, porque el Canal de Panamá es suficiente, punto. Colombia lo entiende bien, y aunque tiene, como Nicaragua, las condiciones para construir un canal en su territorio y tiene las posibilidades para conseguir los recursos financieros y construirlo, descarta la ridícula idea. Sólo en Nicaragua andan aún algunos soñando en un canal que todo el mundo sabe imposible. Por eso los rusos no han apoyado ni apoyarán la idea de un canal por Nicaragua y se han limitado a decir de manera diplomática que el proyecto les parece “interesante” y seguramente es así. Claro que es interesante ver venir a un viejo dictador con un proyecto más viejo que él mismo, que les ha sido traído a los rusos más de una vez desde la época de los zares. La burocracia rusa, que tiene una memoria de siglos, recuerda muy bien el proyecto y va a desempolvar las mismas razones de los últimos cien años para decir a Ortega “nyet druk. Spasiba” (no amigo. Gracias).


*Sociólogo:

Para leer en detalle los argumentos de mis afirmaciones, si tiene usted acceso a internet le recomiendo bajar en formato PDF el documento que cito en este artículo, siguiendo el vínculo http://www.box.net/shared/kxdvgmsx5o

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