Jorge Eduardo Arellano
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La actual etapa de la Revolución Cubana se llama la Batalla de Ideas, y en ella tendré el honor de participar haciendo un comentario sobre la referencia que hace en un artículo reciente la gran escritora y poetisa nicaragüense Gioconda Belli al tema de los balseros, adjudicando esta tragedia a un problema del socialismo y no al contrario, como en realidad es: un problema del capitalismo, ya se verá por qué.

Gracias al socialismo, Cuba es el único país no industrializado con niveles de bienestar social y con una calidad de vida similares a los que ostentan los países industrializados, y me refiero con esto a temas como el nivel cultural de su población, la expectativa de vida, las causas más frecuentes de fallecimiento, el índice nutricional y el de mortalidad infantil, la cantidad de habitantes por médicos y maestros, el índice de desempleo. Agréguese a lo anterior que es el país del mundo con la distribución más equitativa de la riqueza – aún con las distorsiones inevitables creadas por la circulación de dos monedas como una medida de supervivencia económica frente al bloqueo norteamericano, factor fundamental que impide un ritmo mucho mayor en el desarrollo económico de la isla – y que también ostenta el récord mundial en cooperación internacional medida en términos porcentuales respecto a su Producto Interno Bruto, algo casi inverosímil que también, sólo los valores éticos del socialismo hacen posible y de lo cual se han beneficiado muchos nicaragüenses y demás habitantes de países pobres.

A pesar de ello, la población cubana atraviesa muchas dificultades económicas en su vida cotidiana debido a la poca cantidad de recursos económicos con que cuenta el país debido al subdesarrollo y al bloqueo norteamericano, sin el cual es lo más probable que ya el primer factor hubiera sido superado. Pero esas dificultades son incomparablemente menores que aquellas a las cuales debe enfrentarse la inmensa mayoría de los nicaragüenses y demás habitantes de los países que deben soportar los males del capitalismo unidos a los del empobrecimiento económico causado por el saqueo colonial e imperialista.

En medio de esas dificultades, y de igual forma que ocurre en todo país económicamente pobre, una parte de la población – mucho menor en el caso de Cuba debido al alto nivel de conciencia alcanzado – es atrapada por las ilusiones propias del consumismo occidental, sabiendo que, además, en los Estados Unidos se recibe como héroe a todo el que atraviese el estrecho de la Florida en una balsa, obteniendo automáticamente la residencia norteamericana y un empleo con seguridad social incluida. Pero a los mojados que viajan desde Sudamérica, Centroamérica y México atravesando ríos y desiertos con riesgos aún mayores, los reciben a balazos. Imaginemos qué clase de desbandada ocurriría en nuestros países si a los inmigrantes sudamericanos, centroamericanos y mexicanos se les ofreciera en los Estados Unidos todo lo que se otorga a los balseros cubanos. Quedaríamos despoblados.

Hay quienes malintencionadamente tratan de medir el nivel de vida de los cubanos según su ingreso convertido en dólares, ignorando que con esos ingresos en pesos cubanos, los habitantes de la isla compran productos básicos a los que sólo ellos tienen acceso, y que están subsidiados por el Estado y, por tanto, muy por debajo de su precio mercantil, con lo que tienen asegurada la canasta básica.

Aún así --es decir, tomando en cuenta esto, más el acceso a una educación de gran calidad y a la más sofisticada atención médica sin pagar un centavo –, ningún país que tenga el mismo nivel promedio de ingresos existente en Cuba-- que allí sí refleja el nivel de vida aproximado de la mayoría de la población, debido a la distribución equitativa de la riqueza –, puede darse el lujo de no tener en sus calles un solo niño limpiando vidrios de carros en los semáforos para ganarse una miseria, ni familias desamparadas sin fuentes de ingreso. Sólo por eso valdría la pena sustituir el capitalismo por el socialismo. Pero hay más – además de esto y lo que se ha dicho antes –; y a eso haré referencia en un artículo posterior.