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El efecto contaminante de la crisis financiera mundial --aparentemente originada en los EU-- ha alarmado a gran parte de la población del planeta y está cuestionando la credibilidad en los sistemas financieros y las políticas económicas de los países más poderosos de la tierra, al grado que sus gobiernos están proponiendo acciones similares al Plan de Emergencia aprobado en los EU, cuya fórmula, en términos generales, consiste en inyectar miles de millones en dinero fresco al sistema financiero, en particular, al crédito, las hipotecas, la compra de acciones de instituciones financieras, la ampliación de garantías bancarias, los incentivos fiscales y mejoras en los mecanismos de seguimiento y control.

Al 24 de octubre de 2008, comparado con el 6 del mismo mes, la mayoría de mercados de valores de EU, Europa y Asia habían perdido algo más del 25% del valor de sus indicadores bursátiles. La volatilidad, con marcada tendencia a la baja, ha sido la particularidad acentuada de los mercados. Similarmente afectadas están las economías de los llamados países emergentes, siendo un componente adicional la reducción de los precios de algunas materias primas..

En la nueva jerga financiera, la crisis fue originada por las hipotecas “sub-prime”, denominadas “activos tóxicos o contaminados”, creando un escenario sólo comparable con la psicosis gestada en EU con las armas de destrucción masiva que propiciaron la guerra de Irak (2003), de efectos desastrosos para el presupuesto norteamericano.

Durante los últimos 30 años, EU y el Reino Unido tuvieron liderazgos importantes en temas de privatización y desregularización, lo que hacía difícil imaginar que sus gobiernos intervinieran empresas privadas, como sucedió con la quiebra de la AIG, la aseguradora más grande de EU, y de Lehman Brothers, de respetable envergadura financiera. La inversión del Reino Unido en los bancos privados Royal Bank of Scotland, Lloyds TSB y HBOS, fue de 38 mil millones de euros.

Como ciudadanos del mundo, basamos nuestra credibilidad en las personas y en los sistemas que éstas aplican para cumplir con sus funciones; en la confianza y en su capacidad de ser responsables y rendir cuentas de sus acciones. Creemos en terceros cuando nuestra relación es regida por mecanismos diáfanos de comunicación que conllevan a una apertura y diálogo fluido y permanente, en el que las agendas son preferiblemente flexibles y permanecen al descubierto.

Esto implica la existencia de un universo referente, cimentado en la práctica de valores morales, la ética y la responsabilidad social; en la certeza de un comportamiento justo y equitativo de las personas; en la aplicación lógica y procedente de los sistemas, expresados en acciones legítimas y transparentes; en el entendimiento de que los servidores públicos han sido electos para administrar los bienes de la nación, y que los empleados del sector privado tienen una responsabilidad igualmente seria ante la sociedad.

La confianza, sustentada en la credibilidad de los seres humanos, introduce al individuo en un sistema de apoyo. Es un conjunto de elementos fundamentales para el sustento de su conciencia, donde se cultiva lo moral, lo ético, la lealtad, la solidaridad y la certidumbre. Es probable que estos conceptos coadyuven a acercarnos a la tan deseada paz social, ahora tan fuertemente violentada. Al producirse la ausencia de credibilidad se rompe el esquema, y nuestras creencias y valores esenciales se desarticulan de manera estridente, arriesgando al sistema en su conjunto.

Hace poco más de 60 años, en Bretton Woods, New Hampshire, EU, con el concierto de los países más ricos, y con el fin de establecer un nuevo orden económico internacional, fueron constituidos el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), quienes serían los rectores de las economías y finanzas públicas y privadas de los países miembros. El FMI regularía y estabilizaría las economías y las finanzas de los países; y el BM proveería fondos, bienes y servicios para el desarrollo, concentrándose en sus primeros años en reconstruir Europa, destruida por la segunda guerra mundial.

En los últimos 50 años, el trabajo del FMI y el BM, en altísimo porcentaje, se ha concentrado en los países en vías de desarrollo. En ese período, en conjunto con los gobiernos, han propiciado reformas del Estado, la clausura y apertura de entidades, privatizaciones, sistemas de desregulación de tarifas de servicios públicos, etc. De igual manera, los países han recibido -en préstamos, asistencias técnicas y donaciones- miles de millones de dólares, que de haber sido administrados de forma efectiva, eficaz y económica, y atendiendo los intereses de cada nación y no los de los políticos de turno, habrían mejorado las condiciones actuales del mundo.

¿Cuál ha sido el resultado de esta larga e inmensa gestión del FMI, BM y el resto de bancos regionales? Entre 1965 y 1990 fue construida la infraestructura básica (carreteras, agua, alcantarillado, energía y comunicaciones) y se inició la atención a los sectores sociales (salud, educación y vivienda), pero la impresión que provoca su concepto de desarrollo es el de una quimera, donde los países ricos se convierten en los principales proveedores de bienes, servicios y consultorías, mientras los países pobres están mucho más empobrecidos, con mayor endeudamiento, deterioro de los servicios públicos, y con una corrupción y el manejo ineficiente e inapropiado de los recursos públicos institucionalizada.

Salvo raras excepciones, el trabajo de los organismos multilaterales, la asistencia bilateral y los gobiernos de los países, han demostrado ser una pesada carga adicional para la burocracia estatal, que en vez de facilitar, obstaculiza el proceso de desarrollo. Las reuniones anuales y las específicas con los gobiernos, están cargadas de costos elevados y una burocracia que poco ayuda a su propósito. El diseño de los trabajos para el desarrollo económico de los países no ha operado en forma eficiente ni eficaz. De lo contrario, la pobreza se hubiera reducido en forma considerable.

Retornando a la actual crisis financiera internacional, en los últimos 75 años, los EU han enfrentado tres grandes retos en su economía: la de los años 30 (la gran recesión), la de los 80 (de compañías de ahorro y préstamos), y la actual. Me pregunto: ¿Cuál fue el papel preventivo y de seguimiento del FMI para las crisis de los 80 y la actual? Una pregunta similar aplicaría para las quiebras acontecidas en las décadas recién pasadas en los bancos europeos.

El FMI habría tenido mucho que decir, y probablemente evitar, en las quiebras de los bancos en países en desarrollo. A pesar de existir el FMI, los Bancos Centrales y las Superintendencias de Bancos, en nuestros países los bancos han quebrado, e igual que en los países desarrollados, los contribuyentes y los cuentahabientes sufrieron los costos. El trabajo de organismos nacionales e internacionales de seguimiento y control de las finanzas públicas y privadas es en realidad cuestionable.

En Nicaragua, la inercia del FMI, el BM y resto de la banca multilateral ha sido igualmente vergonzosa. Durante los años 70 hubo un manejo inapropiado de los recursos de tres Bancos del Estado que fueron despojados por los gobernantes de aquella época.

En los 80, el Banco Nacional también fue declarado en quiebra, produciendo jugosos beneficios a particulares por el manejo inapropiado de las liquidaciones. En los 90, el Estado de Nicaragua sufrió un serio deterioro en sus finanzas, al darse la apropiación ilegal y/o indebida a particulares (individuos o empresas) de bienes del Estado. A finales de los 90 e inicios de 2000, “quebraron” varios bancos, con figuras similares a las del Banco Nacional. Con posterioridad a las liquidaciones, se efectuó una emisión de certificados con tasas de interés superiores a las del mercado local e internacional, cuya legitimidad, y sus correspondientes intereses han sido muy cuestionados.

Dejo, para que dialoguemos, la siguiente reflexión: si las empresas financieras privadas (bancos, compañías de seguros, etc.), los sistemas de mercados de valores (bolsas), los gobiernos, los Bancos Centrales, los entes reguladores, el FMI, el BM y otros organismos multilaterales, son los actores más relevantes que indujeron al mundo a la crisis financiera internacional más grave de nuestra historia ¿son ellos las personas y entidades más idóneas para resolver esta crisis?

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