Jorge Eduardo Arellano
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Examinemos otro aspecto de las pasadas elecciones. En el centro encontramos un extraordinario derroche de gastos. Repartieron a diestra y siniestra cocinas, dinero y combustible. Inundaron el país de propaganda. Bardas monumentales con retratos de los candidatos y del que los puso de dedo. Postres, papelería y banderas a más no poder. En una descomunal piñata entregaron artículos y prestaron dinero. Una abundancia que parecía que estábamos en un país desarrollado del primer mundo. El clientelismo en su máxima expresión.

Los resultados fueron pírricos. Mucha gente tomó el regalo y en la soledad votó por el contrincante. Las cuentas directas no les salían. Pero eso no es lo peor. Acostumbraron a la gente al camino fácil de extender la mano.

Sé que los economistas del gobierno han leído a Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx. Saben bien, por lo tanto, que si las clases de un país se acostumbran a recibir bienes y servicios por el camino fácil, sin sudarla, pierden los acicates para que los factores económicos operen. Los nuevos capitalistas que rodean a Ortega se volverán carentes de iniciativa, no querrán correr riesgos, ni complicarse la vida. ¿Para qué si los caudales del gobierno y la ayuda venezolana alivian los quebraderos de cabeza y los sudores de la gota gorda? Bajará la producción y la capacidad exportadora.

También los trabajadores asalariados caerán en un bajón productivo. La productividad se irá a pique. Estarán a la espera del próximo reparto en las rotondas. Los desempleados no tendrán acicates para conseguir pegues, pues ni hay ni los quieren.

Todo esto cuando estamos a las puertas de que el coletazo de la crisis financiera del capitalismo nos impacte de lleno. Evento para el cual no han querido preparar al país ocupados en sus marrullas electoreras y en sus batallas contra todos. Ex compañeros de la Convergencia y de la Divergencia. Contra todo tipo de cooperantes europeos y estadounidenses que minimizan soberbios y engreídos.

En estas condiciones nadie podrá creer que este gobierno tiene propósitos socialistas. El socialismo se construye con trabajadores concientes y dirigentes sacrificados. Ni siquiera avanzaremos en el proceso de la acumulación originaria capitalista que la gente del entorno de la pareja viene practicando, corrompiendo a los nuevos empresarios en un vértice clientelista no se va a ninguna parte. Nos anclaremos en el subdesarrollo, en un mar de pobreza. La crisis nos golpeará duro y parejo.

Y si la fuente de la ayuda de Chávez llega a secarse, lo cual va tomando visos de verosimilitud, sólo se oirá el llorar y el crujir de dientes.