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Al conversar con un amigo, un protagonista de la lucha antisomocista en las filas del Frente Sandinista me aseguraba que algunos procesos históricos no admiten comparación, y esto vino a colación cuando tocamos el tema de dos procesos revolucionarios triunfantes: las revoluciones de Cuba y Nicaragua, los cuales, como se sabe, se dieron con 20 años de diferencia, en enero de 1959 (Cuba) y en julio de 1979 (Nicaragua). El tema central estaba en por qué la Revolución Cubana había logrado sobrevivir desde 1959 hasta los tiempos actuales y por qué la Revolución Nicaragüense se había truncado tras una década de iniciada, en 1990.

Esto nos introdujo, sin pretenderlo, además de en el método comparativo en el retrospectivo para poder comprender el presente, la discusión, como suele suceder en estas situaciones, quedó inconclusa con la idea de continuarla otro día. Mientras tanto, dado el interés que deben tener estos temas de cara al 50 aniversario del triunfo de la Revolución cubana el 1º de enero próximo y el 30 aniversario de la RPS en julio de mismo 2009, vamos a compartir con los lectores algunos de los aspectos básicos que asemejan y diferencian a ambos procesos. Veamos primero cuáles son, entre otras, algunas semejanzas:
1 –Los movimientos vanguardias de estas revoluciones surgieron al margen de la izquierda tradicional (Los Partidos comunistas), la que, sustentada en el modelo de la Revolución Rusa de 1917, concebía que para la toma del poder político se deberían agotar las formas político – organizativas. En Cuba esta corriente estuvo representada por el Partido Socialista Popular (PSP) y en Nicaragua por el Partido Socialista Nicaragüense (PSN). Esta nueva izquierda, por el contrario, en su replanteamiento aglutinó a sectores más amplios de la población alrededor de un programa que no planteaba abiertamente la construcción del socialismo e impulsó como eje principal de lucha, la violencia armada revolucionaria, logrando derrotar a los ejércitos regulares que sostenían a las dictaduras derechistas pro-yanquis de Batista y Somoza.

2 – Aunque sus basamentos ideológicos fueron marxistas incorporaron la experiencia de lucha de sus propios países para construir y proponer sus propios modelos político - ideológicos. En el caso cubano los revolucionarios que después adoptarían el nombre de Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7), se reconocían como martianos, es decir que su referencia fue el ideario de José Martí. En Nicaragua, de igual modo, se rescató la gesta heroica y el pensamiento del General Augusto César Sandino y de allí devino la denominación de Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

3 – El origen social de los dirigentes y militantes de estos movimientos no fue propiamente obrero o campesino, sino más bien integrado por capas medias urbanas.

4- Lograron la toma del poder con un amplio respaldo popular (un 90% de la población) y reconocimiento internacional. Esta legitimidad les permitió realizar profundas reformas sociales que favorecieron a los sectores más desposeídos de la sociedad, campañas de alfabetización, gratuidad en la atención médica, extensión de la seguridad social a toda la población, reformas agrarias, etc.

Entre las diferencias podemos destacar las siguientes:
1– La duración de la lucha guerrillera contra Batista en la Revolución Cubana fue más breve (1956 – 1959) que la nicaragüense, y con el triunfo revolucionario, tanto los círculos de poder de los EU como la gran burguesía cubana fueron tomados de sorpresa, no estuvieron en capacidad de prever en 1959 la evolución de los acontecimientos, lo que permitió la consolidación del proceso revolucionario y del liderazgo de Fidel Castro Ruz. La lucha en Nicaragua tuvo mayor duración (1961-1963-1979) debido, entre otras razones, a la prolongación del modelo dictatorial durante más de cuatro décadas sostenido moral y materialmente por EU. Por tanto los sacrificios fueron mucho mayores no sólo para los sandinistas sino para distintas generaciones de luchadores antisomocistas desde antes del surgimiento del FSLN. Otra de las razones fue que la experiencia cubana de 1959 fue aprovechada por las fuerzas más conservadoras de Latinoamérica y los centros de inteligencia norteamericana para tratar por todos los medios de impedir una “nueva Cuba” en toda el continente. No fue sino hasta 1977 – 1979, en una coyuntura política favorable, que el FSLN pudo lograr el aislamiento nacional e internacional del Somoza de turno y vanguardizar el movimiento antisomocista. Es válido anotar que en esta experiencia, a diferencia de la cubana, se incorporaron de lleno al proceso, sacerdotes y laicos de la Teología de la Liberación.

2- Los revolucionarios cubanos encabezados por el MR-26-7 desde el mismo año de 1959 impulsaron la unidad de las fuerzas revolucionarias y progresistas que habían luchado contra la dictadura batistiana. En esta dirección se fundaron en este año las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) conformadas además por el PSP (comunista) con influencia en los movimientos de masas (sindical, campesino, comunal, etc.) y el Directorio revolucionario 13 de marzo (del movimiento estudiantil). Las tres organizaciones entraron en un comedido proceso de autodisolución y construcción de una nueva estructura organizativa, basada en los principios Marxistas-leninistas, la experiencia, honestidad y capacidad de los cuadros. De este proceso devino primero el Partido Unido de la Revolución Cubana (PURC) y finalmente el Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1965.

Este proceso no estuvo exento de dificultades, como los conocidos problemas sectarios de las ORI en 1959- 1960 y la conspiración de la micro-fracción en 1968. Mas la misma organización mayoritaria, el MR-26-7, encabezada por Fidel, no solo reconoció y respetó el papel jugado por las otras organizaciones en la lucha contra el sistema sino que inició un proceso de depuración en sus filas. Además, la dirigencia revolucionaria utilizó su prestigio para fortalecer la unidad otorgando las debidas posiciones de dirección en base a su experiencia y capacidad en la dirección del partido y del Estado, a cuadros como Blas Roca y Carlos Rafael Rodríguez, que provenían del PSP. Todo esto tuvo entre otras consecuencias que se consolidara la base social alrededor de la Revolución y el liderazgo de Fidel. Las organizaciones políticas de la derecha que representaban los intereses de la gran burguesía azucarera y los terratenientes se debilitaron al extremo que no les quedó más camino que la conspiración y la realización de actividades contrarrevolucionarias desde el exterior, a la sombra de los gobiernos de los EU.

En el caso de Nicaragua se logró dar un importante paso en medio de la lucha antisomocista con la creación del Movimiento Pueblo Unido (MPU) en 1978. A esta alianza se integraron las organizaciones gremiales y de masas de las tres tendencias del FSLN, dividido desde 1976, la tendencia mayoritaria del antiguo PSN (comunista) y una fracción desprendida de este último en 1967, el Partido Comunista de Nicaragua (PC de N).

* Historiador. Sala de Investigación de la Biblioteca del BCN.

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